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Foto: cortesía de Malabareando las Calles

‘La Casa de los Sueños’, una puerta para los niños en situación de calle

Por: Andrea Cardona 

¿Se imagina cómo es una casa de los sueños? En el centro de Pereira hay un lugar que busca arrebatar de la calle a los niños, niñas y adolescentes que por diversos motivos no tienen un hogar. La voluntad de tres personas se mezcla con la música, la danza, el yoga y la pintura, para que los menores de edad que están en situación de calle, se alejen de esta forma de vida. 

Así es la ‘Casa de los Sueños’ de Pereira, un lugar de escape para los niños niñas y adolescentes que son víctimas del trabajo infantil, la explotación sexual, el abandono y la drogadicción.  Según cifras oficiales del 2019, en esa ciudad hay 500 habitantes de calle, sin especificar cuántos son menores de edad, una población flotante que se desplaza entre Dosquebradas y Santa Rosa de Cabal.

Esta historia comienza cuando Jimmy Alexander Abello Jiménez de 42 años, decide renunciar a su trabajo y volver una realidad su proyecto personal que había pensado por una década.  Él es pedagogo reeducativo, y hasta febrero del 2017, trabajó como coordinador de programas de protección de la niñez, una labor que realizaba en asocio con el Instituto de Bienestar Familiar (ICBF).

Foto: cortesía de Malabareando las Calles

Desde su trabajo vio como los niños rechazan las ayudas del Estado, organizaciones y entidades, porque esa salida representa internarse en un centro de rehabilitación, vivir en un hogar de paso o perder la libertad a la que están acostumbrados en la calle. Sin contar con las adicciones que no están dispuestos ni pueden dejar sin estar completamente convencidos. 

Por eso creó desde hace tres años una iniciativa para que, sin papeleos ni compromisos, los niños vieran por cuenta propia que vale la pena vivir distinto. El proyecto de Jimmy se llama ‘Malabareando las Calles’. Comienza por buscar a los niños y niñas en los puentes, semáforos y zonas de prostitución en las madrugadas. La mayoría consumen heroína, bazuco o pegante.  Él les muestra otras opciones de vida e identifica qué sitios frecuentan, se gana su confianza y los invita a la Casa de Los Sueños. 

“Lo que las autoridades no saben es que no hacen nada bueno cuando los viernes y sábados, la Policía pasa con sus camiones y obliga a que los niños que habitan la calle se suban. Ellos les tienen miedo y por eso corren y buscan ganar plata, entre 5 y 15 mil pesos, para pagar una pieza y para que así no los agarren. A la Policía se le olvida que los culpables son los mayores que los explotan sexualmente o los ponen a trabajar”, señala Jimmy.

En la Casa de los Sueños aprenden a leer y escribir, además de las clases de arte y meditación. Nadie está obligado a ir, por eso el reto está en lograr que los menores se amañen más en este sitio que en la calle, hasta que decidan ponerle fin a su realidad. En el lugar hay 11 habitaciones y es de un mismo piso. Al entrar se encuentra un teatro, hay zona de juegos, librería y espacios de lectura. En otra habitación hay un salón de arte, de costura, una sala con cuatro computadoras, una habitación de yoga, un gimnasio y un cuarto de música. 

Foto: cortesía de Malabareando las Calles

En la tercera fase, Jimmy y su equipo crean alianzas con instituciones para fortalecer el apoyo a los niños y reúne a los padres y familiares con los menores para, en lo posible, sanar esa relación. Por último, a través de las redes sociales busca la movilización social, porque como dice él, esto no es un problema ajeno a la sociedad. 

“El 65 por ciento de los menores de edad que logramos ayudar son niñas que normalmente son explotadas sexualmente. Ellas tienen entre 14 y 15 años y algunas llegan a nuestra casa con sus bebés; para ellos buscamos ayuda institucional. En otros casos nos encontramos con situaciones donde los papás de los menores de edad los ponen a trabajar en microtráfico o en la mendicidad”. 

Así nació la Casa de Los Sueños, un lugar que abre sus puertas de lunes a sábado, desde las 6:00 de la mañana hasta las 6:00 de la tarde. Las actividades diarias se programan pensando en cómo se vive en la calle, los riesgos y los peligros. Los primeros días de la semana pueden llegar entre 15 y 22 menores de edad y los viernes de 60 a 65. 

“Los lunes los niños y niñas vienen de días fuertes, de rumba, explotación sexual y consumo, por eso es el día que menos nos visitan. Para los que vienen tenemos clases de ‘Sanarte’ y así, a través de la pintura, expresan esa carga emocional. Muchos de ellos amanecen con sobredosis o heridos por riñas. En cambio, los viernes damos clases de yoga y reiki para que estén más tranquilos durante el fin de semana y no mezclen alucinógenos”, explicó Jimmy. 

Un espacio hecho por voluntarios 

El arriendo de la casa lo asumió una empresa privada de Pereira. Con Jimmy trabaja la formadora María Cristina Montoya, que desde hace tres meses se quedó trabajando de tiempo completo en la sede que conoce desde que se fundó. 

“Yo me encargo de ayudarles a hacer tareas porque muchos de ellos están en la jornada nocturna, los acompañó a solicitar documentos como citas médicas y la cédula. Y así, a veces tengan una mala cara o no quieran, lo más gratificante es compartir con ellos y recibir sus abrazos que son los más sinceros, porque como son tan esquivos, cuando abrazan lo hacen de corazón”, comentó María Cristina. 

A la Casa de los Sueños llegan voluntarios para apoyar las labores de Jimmy y María Cristina. Semanalmente van dos instructores de yoga y uno de música, y de planta permanecen un psicólogo, un trabajador social y la persona que prepara los alimentos.

Por los efectos de la pandemia y en confinamiento, el apoyo de las empresas privadas bajó hasta en un 50 por ciento. Los gastos se destinaron a comprar pañales, pagarles a los niños, niñas y adolescentes un lugar donde dormir y por eso el proyecto está en riesgo de no poder sostenerse. 

En tres años, ‘Malabareando las Calles’ ha remitido a entidades como el ICBF, a 78 niños que permanecen en hogares de protección por su voluntad. El ideal de los promotores de este proyecto es que la Casa de los Sueños exista en por lo menos cinco ciudades del país.

Foto: cortesía de Malabareando las Calles