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Moda sostenible, mucho más que una tendencia

Por: Nazlhy Viviana López.

La creciente preocupación mundial por generar nuevas estrategias que reduzcan las cifras de contaminación, ha llevado a la industria de la moda a replantear sus procesos de producción con productos que respeten y protejan el medio ambiente.

Son numerosas las formas de contaminación y los problemas ambientales asociados a las actividades humanas, las cuales están destruyendo los ecosistemas y recursos naturales del planeta. La industria de la moda se encuentra entre las tres industrias más contaminantes del mundo, por caracterizarse como difusor del consumo “fast fashion” o “moda rápida”, en el cual se introducen cerca de 50 colecciones de ropa al año, que siguen las últimas tendencias de la moda y que son fabricadas a bajo costo y de forma acelerada para ofrecerle al comprador de forma continua, prendas novedosas a precios asequibles.

Según el World Resources Institute, WRI (Instituto de Recursos Mundiales), producir una camisa de algodón consume 2.700 litros de agua, esta cantidad sería suficiente para saciar la ingesta de agua de una persona promedio durante aproximadamente dos años y medio. Hacer un par de jeans genera tantos gases de efecto invernadero como conducir un auto a más de 80 millas, esto quiere decir 128.748 kilómetros, igualmente, la ropa en tela no biodegradable que es desechada puede permanecer en los vertederos hasta por 200 años.

Asimismo, el PNUMA (Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente) señaló que este sector es responsable del 20 % del desperdicio total de agua a nivel global, del 10 % de emisiones globales de carbono y produce el 8% de los gases de efecto invernadero, al emplear recursos naturales en el cultivo de las materias primas, procesamiento, fabricación y transporte de las prendas.

“Las diferentes etapas de manufactura del enorme universo de elementos que componen los insumo la industria de la moda, ejercen presión sobre el recurso hídrico, tanto en la disponibilidad como en la calidad del agua intervenida, por vertimientos de agua residual industrial derivada de procesos tales como los tratamientos al cuero en las curtiembres, tintorería de textiles, entre otros”, afirmó Carlos Eduardo González Calvo, ingeniero ambiental y especialista en evaluación del impacto ambiental de proyectos.

La UNCTAD (Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo) indicó que cada año se emplean 93.000 millones de metros cúbicos de agua para producir ropa, un volumen que puede cubrir las necesidades de cinco millones de personas. Además, esta industria afecta al mar, debido al medio millón de toneladas de microfibra que son arrojados a este, equivalentes a 3 millones de barriles de petróleo. 

Por todas estas cifras, la industria de la moda se ha transformado para generar moda sostenible, reintroduciendo métodos que generen conciencia ecológica a través de nuevos materiales, los cuales impliquen un menor impacto en el medio ambiente y, métodos de producción socialmente responsables. Es así como ha creado productos que tengan en cuenta el impacto ambiental y social en su ciclo de vida, además, de considerar su “huella de carbono”, es decir el indicador ambiental que refleja la totalidad de gases de efecto invernadero. Por ejemplo, para reducir este gas atmosférico, la industria textil fomenta la reutilización de las prendas con el objetivo de darles una segunda vida.

En Colombia varias marcas se han adaptado a esta filosofía de producción, al implementar nuevas alternativas para un consumo responsable, con materias primas recicladas o creando procesos sostenibles que generen nuevas oportunidades laborales, como es el caso de la marca Bareke. Esta marca nació hace siete años y medio de la pasión por la cultura Zenú y el deseo de rescatar tradiciones ancestrales, ofreciendo fuentes de trabajo  a comunidades indígenas, artesanos, población en condición de vulnerabilidad, víctimas desplazados por la violencia y trenzadores de Sampués (Sucre).

“La moda o la industria para que sea sostenible debe cumplir con tres aspectos fundamentales, primero que tenga un impacto positivo en el ambiente, generando menos basura. Segundo, un impacto social que genere desarrollo económico dentro de las comunidades. Por último, debe generar desarrollo económico, que sea rentable para mantener el modelo”, afirmó Elvia María Tapia, cofundadora y C.E.O de Bareke.

Bareke busca rescatar el arte ancestral capacitando en todo el proceso desde la siembra sostenible de la palma hasta el trabajo en marroquinería, el uso de cuero sin cromo, la optimización de materiales para generar un impacto positivo y promover la reducción de basura y contaminación. Además, incluye la tintura natural de productos a partir del uso de barro o cáscaras de plátano, con lo que ha generado impacto social, productivo y económico en estas comunidades.

 “La industria de la moda genera mucha basura. Para que la moda sea sostenible se debe instaurar una economía circular en la que al momento del producto terminar su vida útil, se plantee que más se puede hacer con ese producto, no para reciclarlo, sino para que tenga un bien superior”, aseguró Elvia María Tapia.

Con este nuevo ciclo de moda sostenible se busca disminuir el consumo y producción desmedido de ropa, para donarlo, intercambiarlo, venderlo o reciclar el material de las prendas o accesorios. Por ejemplo, la marca Bareke desarrolló una campaña en la cual se puede restaurar un bolso o accesorio para quedarselo o donarlo, con el fin de darle una nueva utilidad. Asimismo, muchas otras marcas colombianas se unen a esta nueva tendencia de sostenibilidad, para tener prácticas de consumo amigable con el medio ambiente y de este modo educar e inspirar a otros.