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Carlos Julio Ramírez y su paso por los dibujos animados

Por: Juan Carlos Garay

Alrededor de la figura del barítono Carlos Julio Ramírez (1916-1986) se han tejido varios mitos. El más sonado es el que lo califica de “el primer colombiano que cantó ópera en el Metropolitan de Nueva York”. Ese dato, que aparecía hace unos años en semblanzas biográficas, ya ha sido rebatido. También está por verse si es verdad que amistó con Carlos Gardel y con Charles Chaplin. Pero en cambio hay un detalle sobre el cual poco se habla, y que sí está documentado: Carlos Julio Ramírez prestó su voz a un par de producciones de la época de oro de los dibujos animados.

A comienzos de los años 40, Ramírez había viajado a Nueva York con la seria intención de cantar en el Metropolitan. Pero se estrelló con un sistema de contrataciones hechas con antelación. Entonces, en busca de otros horizontes, fue a parar a Hollywood. Al parecer fue escuchado en un cabaret por el propio Louis B. Mayer, una de las cabezas de la Metro Goldwyn Mayer. Sorprendido por esa voz, lo contrató para actuar y cantar en películas como “Escuela de sirenas” de 1944: con el acompañamiento de la orquesta de Xavier Cugat, Ramírez canta “Muñequita linda” en una escena memorable.

En una entrevista publicada por el diario El Colombiano en mayo de 1959, Ramírez recordaba: “La ópera como negocio es malo para los artistas porque las temporadas son escasas. Determiné volver a la música popular e hice varias películas y grabaciones para la RCA Victor”.

Era una buena época para ser latinoamericano en los Estados Unidos. En plena Segunda Guerra Mundial, el gobierno estadounidense necesitaba tener a América Latina como su aliada. Entonces se estableció la llamada “política del buen vecino” que, extendida a Hollywood, implicaba que los latinos fueran representados como amigables y simpáticos. Y es en ese contexto que Ramírez incursiona en los dibujos animados.

En el mismo año de “Escuela de sirenas”, Walt Disney lanza la película “Los tres caballeros”: el pato Donald representa a los Estados Unidos, el gallo Panchito a México y el loro José Carioca a Brasil. La película incluía una canción llamada “Mexico” y, para cantarla, Disney llamó a Carlos Julio Ramírez. En aquellos tiempos participar en un dibujo animado no era tan meritorio, y quizá por eso este detalle se ha ignorado en las semblanzas biográficas de Ramírez. Hoy, en cambio, es un gusto revivir esta escena y escuchar esa voz diáfana.

Pero resulta que la Metro Goldwyn Mayer también tenía una división de dibujos animados, que le hacía competencia a Disney. Ya que el barítono colombiano había actuado en algunas de sus películas, habría sido un desperdicio no usar su voz también para las caricaturas. La oportunidad surgió en 1952, cuando el director Tex Avery (el maestro del absurdo y la exageración) realizó el cortometraje “Magical Maestro”. El protagonista es el perro Butch, quien en otras aventuras aparece como antagonista del perro Droopy. Aquí, Butch es nada menos que ¡un cantante de ópera!

El aria de Rossini que canta Butch (“Largo al factotum”) había sido grabada en disco por Ramírez. Por esta razón es factible pensar que los animadores usaron el disco y dibujaron la escena a partir del audio que ya existía. Pero una comparación nos permite concluir que Ramírez la volvió a grabar especialmente para la caricatura. El ritmo es más rápido, acorde con las necesidades efectistas de los dibujos animados, y nos habla de Ramírez como un artista dotado de buen humor.

En su libro “Lo que cuentan los boleros”, Hernán Restrepo Duque afirma que las películas en las que actuó Carlos Julio Ramírez no fueron más que “filmes comerciales que no le hicieron ningún bien al actor, aunque su voz lució a plenitud”. Seguramente por ese mismo prejuicio ni siquiera se mencionó su aporte a la animación. El contrato con la Metro Goldwyn Mayer se terminó antes de tiempo, según Restrepo Duque, por indisciplina. Su corto pero divertido papel como el perro cantante de ópera fue por ende su último trabajo en Hollywood. Y, fuera de broma, se despidió con broche de oro.

(Agradecimiento a Eduardo González, cuyo archivo fue de gran ayuda para esta investigación)