Mujeres del Pacífico transforman residuos del camarón en empleo, sostenibilidad y resiliencia en Tumaco
En el corazón del Pacífico colombiano, un grupo de mujeres está demostrando que la sostenibilidad ambiental y el desarrollo social pueden ir de la mano a través de la innovación culinaria. Se trata de Asomefama, una asociación integrada principalmente por mujeres cabeza de hogar y víctimas del conflicto armado que ha decidido reescribir su historia transformando lo que muchos consideran desperdicio en un producto de alto valor nutricional.
Jacqueline Sevillano Andrade, vicepresidenta de la organización, explica con orgullo la misión de este proyecto: darle una disposición final y productiva a la cáscara y la cabeza del camarón, recolectadas directamente de las pesqueras locales.
“Hacemos un proceso de recolección, limpieza y desinfección para terminar en una transformación que es la harina. A este producto final lo llamamos ‘Camarina’”, señala Sevillano.
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Sabor con identidad y nutrición
La Camarina no es solo un sazonador potente que realza el sabor de cazuelas, encocados, sopas y apanados. Es, además, una apuesta por el rescate de la memoria gastronómica de la región. Jacqueline recuerda cómo los abuelos del Pacífico solían licuar y aprovechar el camarón de manera natural y fresca. Hoy, Asomefama estandariza ese saber ancestral bajo un modelo de transformación que ofrece un producto rico en proteínas, hierro y calcio.
Actualmente, el producto se comercializa localmente en el sector de El Morro, en Tumaco, donde ya es un ingrediente clave para diversos restaurantes. Sin embargo, su calidad ha empezado a romper fronteras, logrando ventas esporádicas en grandes ciudades como Medellín, Cali y Bogotá.
Un proyecto con impacto social y ambiental
La labor de Asomefama ataca dos frentes críticos:
- Mitigación ambiental: evita que toneladas de residuos marinos sean devueltas al océano, reduciendo la contaminación de las playas y ecosistemas locales.
- Inclusión y relevo generacional: la asociación cuenta con 12 personas adultas (11 mujeres y un hombre) e integró a 6 jóvenes para garantizar la continuidad de esta tradición en el tiempo.
A pesar de haber recibido apoyo técnico y de maquinaria por parte de entidades como Innpulsa, la Cámara de Comercio de Tumaco, el SENA, el CIAT de Palmira y la ONUDI (a través de su programa JIMA Colombia), el colectivo aún enfrenta grandes retos. Su principal meta a corto plazo es la consecución de una planta de procesamiento propia que les permita obtener la certificación del Invima para masificar su comercialización a nivel nacional.