El Fenómeno de El Niño es el calentamiento del océano Pacífico ecuatorial que cambia el comportamiento de las lluvias en distintos continentes. Se produce en ciclos de 2 a 7 años y se prolonga durante varios meses.
El fenómeno recibió este nombre hace más de un siglo, cuando pescadores de Perú y Ecuador observaron que, durante diciembre, coincidiendo con la celebración del nacimiento del Niño Jesús, las aguas del mar se calentaban. Por esta razón, comenzaron a llamarlo “El Niño”.
Con el paso del tiempo y a partir de nuevas observaciones sobre sus efectos en diferentes regiones del mundo, los científicos determinaron que no se trataba de un fenómeno localizado. El calentamiento de las aguas del Pacífico tropical está relacionado con cambios en los patrones atmosféricos y climáticos que pueden generar efectos a miles de kilómetros de distancia.
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¿Cómo anticipan los científicos la llegada de el Fenómeno de El Niño?
Los científicos vigilan constantemente la temperatura del mar de diversas maneras, bajo modelos complejos de predicción estadística, boyas, satélites, entre otros instrumentos oceanográficos, permitiéndoles a los investigadores datos valiosos que alertan sobre el calentamiento antes de que sea evidente en la superficie.
Además, monitorean el acoplamiento océano-atmósfera, un proceso en el que los cambios del océano Pacífico tropical se conectan directamente con el comportamiento del aire.
De hecho, las personas interesadas en seguir este fenómeno climático pueden acceder a boletines mensuales publicados por la Organización Meteorológica Mundial, lo cual permite hacer predicciones que pueden variar a medida que aparecen nuevos datos, ya que en todas las regiones este fenómeno no actúa igual.
Mientras en algunas zonas, como las costas de Perú, Ecuador y Colombia, pueden registrarse mayores precipitaciones, en otras regiones, como Australia e Indonesia, pueden presentarse condiciones más secas y temperaturas elevadas.
Aunque el Fenómeno de El Niño es inevitable, sí podemos reducir algunos de sus impactos haciendo uso responsable del agua, evitando quemas que puedan provocar incendios, estando informados sobre las alertas meteorológicas, ahorrando energía y, en general, protegiendo los recursos naturales.