A pesar de ser una expresión constante durante los últimos meses, expertos advierten que todavía existen vacíos en la comprensión de sus efectos y en la construcción de hábitos cotidianos de prevención y ahorro.
El fenómeno de El Niño ya está presente en Colombia y continúa fortaleciéndose. El Ideam señala que existe una probabilidad superior al 90 % de que alcance una intensidad muy fuerte durante el último trimestre de 2026 y comienzos de 2027. Sus efectos pueden sentirse en la disponibilidad de agua, la producción de alimentos, la generación de energía y diferentes actividades económicas.
Sin embargo, hablar permanentemente de El Niño no significa necesariamente comprender cómo funciona o qué acciones cotidianas pueden ayudar a enfrentar sus impactos. Hábitos como tomar duchas prolongadas, dejar correr el agua durante el lavado de la loza o mantener consumos innecesarios de energía adquieren mayor relevancia durante periodos de menor disponibilidad hídrica.
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Laura Natalia Ruíz, gestora ambiental de la Universidad Konrad Lorenz, señala que todavía falta una comprensión más profunda del fenómeno. La experta explica que El Niño no significa simplemente que deje de llover: sus efectos dependen de las condiciones geográficas y pueden traducirse en disminución de precipitaciones en unas regiones, mientras otras mantienen o incluso aumentan sus lluvias. Esta variabilidad también es reconocida por el Ideam, que advierte que El Niño no afecta de la misma manera a todo el territorio colombiano.
“Es que los vientos alisios eh pierden estabilidad, se debilitan y a consecuencia de ello, lo que pasa es que estas corrientes superficiales que son más cálidas, eh se quedan estancadas o quietas, por decirlo de alguna manera, en el océano Pacífico e inclusive las corrientes de viento eh pueden cambiar de dirección y se pueden desplazar al continente sudamericano.
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Experiencias recientes han llevado esta discusión a la vida cotidiana. Bogotá tuvo que implementar racionamientos de agua desde abril de 2024 ante los bajos niveles del sistema Chingaza, mientras Medellín mantiene actualmente interrupciones programadas en algunos sectores ante la presión sobre sus fuentes de abastecimiento.
La cultura del cuidado frente al fenómeno de El Niño
Para Ruíz, la respuesta no debe limitarse a pedir que las personas consuman menos recursos, sino que debe incluir educación ambiental que explique por qué es necesario cambiar determinados hábitos y cómo las acciones individuales se conectan con la disponibilidad de agua y energía.
“Es importante considerar la educación ambiental: informar a la ciudadanía no solo en ahorrar los recursos naturales; conectar a la comunidad explicando que a menor lluvia, menor presión que se ejerce sobre esos recursos y facilitar estos hábitos”, señala la gestora ambiental.
¿Qué podemos hacer?
Entre las acciones cotidianas, Ruíz menciona cerrar las llaves cuando no se utilizan, reportar fugas, evitar desperdicios, aprovechar la iluminación natural y atender los protocolos de prevención frente a incendios forestales. También destaca la importancia de medir los consumos para identificar dónde pueden realizarse ajustes.
Aunque las personas no pueden detener el fenómeno de El Niño, sí pueden reducir su exposición y contribuir a disminuir la presión sobre recursos como el agua y la energía. La OMM estima una probabilidad cercana al 100 % de que el episodio persista hasta febrero de 2027, mientras el Ideam mantiene su monitoreo y advierte que sus efectos dependerán de cada región del país.
¿Qué es el Fenómeno de El Niño?
Ruíz también explica que el fenómeno está relacionado con cambios en el comportamiento de los vientos alisios y de las aguas superficiales del Pacífico. “Los vientos alisios pierden estabilidad y se debilitan. Como consecuencia, las corrientes superficiales más cálidas quedan estancadas en el océano Pacífico e, incluso, las corrientes de viento pueden cambiar de dirección y desplazarse hacia el continente sudamericano”, explica la gestora ambiental.