Iván Cepeda: del exilio y la tragedia familiar a una vida de lucha por la justicia y los derechos humanos
Forjado en el exilio tras la persecución a sus padres —los históricos líderes de izquierda Manuel Cepeda Vargas, víctima de un magnicidio de Estado en 1994, y Yira Castro—, el hoy candidato ha transformado el dolor familiar en un motor incansable por la defensa de los derechos humanos y la justicia transicional.
Con el respaldo de organizaciones de víctimas como las Madres de los Falsos Positivos y el soporte de su esposa, la experta en género Pilar Rueda, Cepeda asume el desafío de buscar la Casa de Nariño, consolidando una trayectoria que unió la resiliencia personal con la primera línea de la política nacional.
La vida de Iván Cepeda
Estudió filosofía en la Universidad de Sofía (Bulgaria), tras haber crecido en el exilio entre Checoslovaquia y Cuba. Su padre, Manuel Cepeda, fue un dirigente de izquierda elegido congresista por la Unión Patriótica y asesinado en 1994. Su madre, la líder sucreña Yira Castro, fue concejal de Bogotá por la Unión Nacional de Oposición.
Luego de que en 2000 fueran condenados dos suboficiales por el asesinato de su padre, Cepeda salió exiliado a Francia, donde realizó una especialización en Derecho Internacional Humanitario en la Universidad Católica de Lyon. Las víctimas han sido una de sus banderas políticas, principalmente a través del Movimiento Nacional de Víctimas de Crímenes de Estado (Movice), del que es vocero.
A finales de 2009 decidió lanzarse a la política por el Polo Democrático y con el apoyo del Movice. Llegó a la Cámara por Bogotá con 35 mil votos, la cuarta votación más alta en la ciudad y la segunda del Polo; ejerció este cargo entre 2010 y 2014.
Tras desempeñarse como senador de la República de manera ininterrumpida desde 2014, Iván Cepeda da el salto hacia la carrera por la Casa de Nariño como candidato presidencial por el Pacto Histórico.
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Su vida pública y su trabajo por los derechos humanos en Colombia
Desde 2015, se ha desempeñado también como facilitador de los diálogos de paz con la guerrilla del ELN. En ese mismo período, se desempeñó como mediador para la entrega a la justicia del llamado Clan del Golfo.
Ha sido copresidente de la Comisión de Paz de la Cámara de Representantes y del Senado de la República, e impulsó la participación de las organizaciones sociales en los procesos de paz. Asimismo, ha jugado un papel relevante en la implementación normativa del Acuerdo de Paz.
Ha acompañado al Movimiento de Víctimas de Crímenes de Estado (Movice) y a la Asociación de Madres de los Falsos Positivos (MAFAPO). Fueron las madres de esta organización quienes le pidieron que asumiera la candidatura presidencial para el periodo 2026-2030.
Su familia
Al respecto de su núcleo cercano, el senador describe su hogar de la siguiente manera: “Mi familia está compuesta por mi esposa, Pilar Rueda, y la hija de ella, Lucía, y también mi hermana y, pues, el resto... Tengo una familia numerosa”.
Su esposa, Blanca del Pilar Rueda Jiménez, es antropóloga y especialista en derechos humanos. Posee una maestría en Estudios Internacionales de Conflicto y Paz, con énfasis en Derechos Humanos, Justicia y Género, obtenida en la Universidad de Notre Dame.
En el ámbito de la construcción de paz, se desempeñó como asesora en enfoque de género durante las negociaciones con las FARC.
Actualmente, su labor en la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP) se centra en asegurar que las investigaciones del tribunal incorporen de manera transversal las perspectivas de género y derechos humanos. A pesar de su destacada trayectoria en justicia transicional y cooperación internacional, Rueda mantiene un perfil bajo, alejada del debate público y con una mínima aparición en los medios de comunicación.
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El asesinato de su padre Manuel Cepeda Vargas, la resiliencia de Iván Cepeda
El 9 de agosto de 1994, el magnicidio del senador Manuel Cepeda Vargas conmocionó al país. El líder de izquierda, de 64 años, fue acribillado por sicarios que le dispararon desde un vehículo Renault 9 blanco en la localidad de Kennedy. Su hijo, Iván Cepeda, quien entonces tenía 31 años, llegó al escenario del crimen apenas minutos después del ataque.
En medio del dolor y frente a las cámaras de los medios de comunicación que cubrían la tragedia, el joven Iván Cepeda lanzó un enérgico llamado a las autoridades exigiendo justicia.
“Le pido al país, al presidente (Ernesto) Samper, a quienes tienen que ver con la justicia en Colombia, que hagan algo en contra de esta ofensiva contra los dirigentes de izquierda; y que no quede este crimen impune como el de tantos hombres justos y valientes que han peleado en este país”.
El magnicidio de Manuel Cepeda formó parte del denominado 'Plan Golpe de Gracia', una estrategia de exterminio contra la Unión Patriótica (UP) ejecutada mediante la alianza entre agentes del Estado y estructuras paramilitares.
Esta operación criminal no fue una sorpresa. Desde 1993, los propios dirigentes de la UP habían advertido sobre la existencia de este plan de asesinatos selectivos ante el entonces ministro de Defensa, Rafael Pardo, pero sus alertas fueron desatendidas por el Gobierno de la época.
Durante este periodo, la ofensiva contra la colectividad alcanzó niveles críticos de violencia. El año 1993 estuvo marcado por los asesinatos de figuras clave como José Miller Chacón y Henry Millán González, sumado a tragedias como la Masacre de Mondoñedo, donde fueron ejecutados seis estudiantes vinculados al partido.
De acuerdo con los registros de la UP, solo en ese año más de 120 militantes fueron exterminados, consolidando un patrón de persecución sistemática.
La impunidad de este entramado criminal llegó a su fin en el escenario internacional en 2010, cuando la Corte Interamericana de Derechos Humanos (Corte IDH) condenó formalmente al Estado colombiano.
El tribunal internacional determinó la complicidad de agentes estatales con el paramilitarismo en el crimen de Cepeda. Como consecuencia, la Corte impuso al Estado la obligación de realizar un acto público de reconocimiento de responsabilidad, financiar un documental sobre el legado del senador y aplicar rigurosas medidas de reparación integral para sus allegados.
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Su madre, Yira Castro
El origen de la familia de Iván Cepeda se remonta al Líbano de principios del siglo XX, desde donde sus ancestros emigraron hacia Colombia escapando de la persecución religiosa. De ese tronco familiar nació Yira Castro Chadid, una de las mujeres más influyentes en la historia del comunismo colombiano.
Aunque nació en Sincelejo (Sucre) el 20 de febrero de 1942, su verdadero fortín político y social fue Bogotá. A los 17 años ingresó a la Juventud Comunista (Juco), organización desde la cual escaló gracias a su liderazgo hasta la cúpula del Partido Comunista Colombiano (PCC).
En las filas de la militancia conoció a su esposo, Manuel Cepeda. Juntos conformaron un hogar del que nacieron sus dos hijos: Iván y María. Su vocación social se canalizó a través de las páginas del semanario La Voz Proletaria.
Como reportera, Castro recorrió las calles y construyó una íntima sintonía con las realidades de los barrios más pobres de Bogotá.
Paralelamente, asumió un rol pedagógico en el Centro de Estudios e Investigaciones Sociales (CEIS). Allí se convirtió en el motor de la capacitación política para los trabajadores de corte obrero.
El precio de su activismo llegó con la cruda represión estatal de los años 70. Durante este periodo de persecución, sufrió prisión junto a su esposo.
Lejos de doblegarse ante el encierro, su persistencia la llevó a conquistar una curul en el Concejo de Bogotá en 1980, bajo el ala de la Unión Nacional de Oposición.
Sin embargo, su prometedora carrera pública se truncó de forma abrupta. En 1981, con tan solo 39 años, una fulminante enfermedad sin diagnóstico ni cura efectiva apagó su vida, dejando un legado imborrable en la izquierda capitalina.