Cada 18 de septiembre se conmemora el Día Mundial del Control de la Calidad del Agua, una fecha que nació en Estados Unidos y busca crear conciencia sobre la necesidad de cuidar los recursos hídricos y monitorear su calidad.
Para medir la calidad del agua se suelen usar químicos y pruebas que permiten evaluar la presencia de ciertas toxinas y elementos que pueden afectar la vida. Sin embargo, dichos sistemas representan solo una fotografía del momento en que se toma la muestra de agua estudiada, también tienen un alto costo y no siempre pueden evaluar todas las posibles alteraciones en el líquido.
Según la empresa francesa molluSCAN-eye, estos son algunos de los problemas que busca superar con su bioinnovación, que incluye el uso de moluscos para monitorear la calidad del agua en mares, ríos u otros cuerpos de agua.
Los moluscos, grandes filtradores de agua
Según organismos multilaterales, el exceso de nutrientes en el agua es uno de los procesos que más puede afectar su calidad. A este proceso se le llama eutrofización y se produce cuando una masa de agua recibe un aporte elevado de nutrientes inorgánicos como nitrógeno o fósforo, producto de actividades humanas como la agricultura, la ganadería, las industrias o las aguas residuales urbanas.
La presencia de estos nutrientes en exceso provoca el crecimiento de algas que, cuando se descomponen, terminan alimentando bacterias que consumen el oxígeno del agua. A su vez, el crecimiento de las algas afecta la llegada de luz a los cuerpos de agua. Esta mezcla de procesos afecta la vida marina.
En este escenario entran en acción los moluscos, que se alimentan mediante la filtración del agua y retienen partículas de plancton y otros materiales suspendidos. Estos animales bivalvos absorben el agua y la filtran a través de sus branquias, reteniendo partículas que les sirven de alimento. De acuerdo con la organización ambiental The Nature Conservancy, una sola ostra adulta puede filtrar hasta 190 litros de agua al día.
En Estados Unidos, España, Corea del Sur o Japón se ha acudido a los moluscos como parte de iniciativas para mejorar la calidad de cuerpos de agua, como el estuario del río Hudson o el Mar Menor de Murcia, afectados por la contaminación humana.
molluSCAN-eye, la solución biotecnológica para medir la calidad del agua
Una investigación de más de dos décadas desarrollada en el entorno de la Universidad de Burdeos y el CNRS, en Francia, encontró que los moluscos, además de ser grandes filtradores de agua, también son susceptibles a los cambios que se presentan en ella. Fue así como, a partir del estudio sobre el comportamiento de las ostras, los mejillones o las vieiras y con el uso de sensores que miden cambios en dicho comportamiento, se desarrolló una tecnología para detectar alteraciones en el agua.
Según explica la empresa en su página, molluSCAN-eye supervisa los ciclos de apertura y cierre de los moluscos mediante pequeños electroimanes instalados en sus valvas o conchas, y también registra otros indicadores como su crecimiento y patrones de comportamiento. Ante una alteración en las condiciones del agua, los bivalvos pueden modificar su comportamiento, por ejemplo, cerrando sus valvas durante periodos más prolongados. Este comportamiento es registrado por el sistema.
“La valvometría de alta frecuencia no invasiva (HFNI, por sus siglas en francés) permite seguir más de 10 parámetros fisiológicos y de comportamiento diferentes cada día y así realizar chequeos de salud diarios”, señala molluSCAN-eye en su página.
Esta solución biotecnológica se utiliza en distintos lugares del mundo para monitorear la calidad del agua y evaluar el impacto de actividades industriales sobre los ecosistemas acuáticos, así como en instalaciones como plantas de tratamiento de aguas residuales. Según la empresa, el sistema permite realizar un seguimiento continuo, las 24 horas del día y los siete días de la semana.
De esta manera, se acude a la naturaleza para resolver un problema que aqueja a la humanidad relacionado con la calidad de un elemento vital para su supervivencia: el agua. La innovación tecnológica en este caso implica reconocer las capacidades naturales de un animal, y aplicarlas para el beneficio de ecosistemas, lo que puede ser fuente de inspiración para otros desafíos ecológicos actuales.