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Conoce el emprendimiento del pueblo Sikuani que transforma la yuca en casabe y mañoco, productos ancestrales que contribuyen a la seguridad alimentaria
Foto: Emiro Cedeño Yepes

Seguridad alimentaria con sabor ancestral: el emprendimiento Sikuani que transforma la yuca en casabe y mañoco

Desde un predio de la Gobernación en Tame, Arauca, y a la espera de la legalización de su territorio, familias del pueblo Sikuani impulsan un emprendimiento de gastronomía ancestral para fortalecer su seguridad alimentaria y transmitir sus saberes a las nuevas generaciones.

Las constantes violencias que han afectado al pueblo Sikuani durante décadas obligaron a las familias de esta comunidad a desplazarse por distintos territorios de la Orinoquía colombiana. Una parte de ellas llegó inicialmente al departamento de Casanare y posteriormente a Arauca.

Según relata uno de sus integrantes, las familias que hoy conforman los asentamientos Sikuany y Calibernaya, en el municipio de Tame, llegaron en diferentes momentos. Algunas se establecieron allí desde la década de 1980, mientras que otras arribaron en los años 2000 y 2005. Otro grupo llegó entre 2011 y 2013, como parte de una misma familia que, debido a su crecimiento, ha tenido que buscar nuevos lugares para establecerse.

Más allá de las consecuencias de la violencia, estos desplazamientos también han estado relacionados con la búsqueda de tierras donde puedan desarrollar sus actividades productivas y garantizar su sustento. El crecimiento de las familias y la necesidad de contar con espacios adecuados para cultivar y trabajar los han llevado a recorrer diferentes territorios, con la esperanza de alcanzar una mayor estabilidad económica y brindar oportunidades de educación a sus hijos.

Para Emiro Cedeño Yepes, secretario de la Junta de Cabildo y dinamizador pedagógico de la Institución Educativa Indígena Guahibo Betoy, esta preocupación se convirtió en una motivación para buscar un espacio donde los niños, niñas y jóvenes pudieran crecer en contacto con sus raíces culturales.

"Nosotros vivíamos en un casco urbano y de ahí nosotros pensamos en un territorio donde nuestros hijos y nietos pudieran crecer sin perder la lengua materna, la cultura, y todo eso", recuerda Cedeño.

Con el acompañamiento de líderes de la Asociación de Cabildos y Autoridades Tradicionales Indígenas de Arauca (ASCATIDAR), la comunidad se ubicó en un predio de la Gobernación en Tame. Sin embargo, la permanencia en este lugar continúa marcada por la incertidumbre, pues el territorio aún no ha sido legalizado y las condiciones de la tierra limitan el cultivo de yuca amarga en grandes extensiones.

Esta situación representa un obstáculo para la autonomía alimentaria de las familias, que actualmente deben comprar parte de la materia prima para elaborar sus productos. Aun así, la comunidad encontró en sus conocimientos tradicionales una alternativa para generar oportunidades económicas y, al mismo tiempo, fortalecer la transmisión de su cultura.

De esa apuesta colectiva nació PERI Y MATSUKA, un emprendimiento dedicado a la elaboración de casabe y mañoco, dos alimentos fundamentales en la gastronomía tradicional de diversos pueblos indígenas de la Orinoquía.

El casabe, conocido en lengua Sikuani como PERI, es una especie de torta delgada y seca, elaborada a partir de la yuca procesada y cocinada sobre una superficie caliente. Su textura puede ser crujiente y su sabor suave permite acompañarlo con diferentes preparaciones.

El mañoco, llamado MATSUKA en lengua Sikuani, es un alimento granular elaborado a partir de la yuca procesada y tostada. Puede consumirse seco o mezclarse con líquidos para preparar bebidas y acompañamientos tradicionales. Ambos productos representan mucho más que una alternativa alimentaria: son parte de una memoria colectiva que se transmite mediante la práctica, la palabra y la convivencia familiar.

El casabe y el mañoco también se acompañan con ají, pescado, carne y otros alimentos de la región. De esta manera, la gastronomía Sikuani conserva sus características propias y continúa dialogando con las costumbres alimentarias de la Orinoquía, la elaboración de estos alimentos requiere conocimientos específicos sobre el manejo de la yuca.

"Ya hemos comenzado a elaborar el casabe y el mañoco, estamos iniciando con este proyecto y la idea es poder realizar más productos que se derivan de este alimento", cuenta Cedeño.

Para el líder indígena, estos alimentos forman parte de una tradición que ofrece distintas posibilidades de consumo. El mañoco, por ejemplo, puede mezclarse con leche o agua; cuando se prepara con agua, se obtiene una bebida conocida como yucuta, que Cedeño compara con la avena por su forma de consumo.

En esta primera etapa, PERI Y MATSUKA busca dar a conocer sus productos y acercar a los consumidores a la historia, los conocimientos y las prácticas que hay detrás de cada preparación, más que comercializar alimentos, la iniciativa pretende generar un espacio de intercambio cultural en el que las personas puedan conocer el origen de estos productos, sus formas tradicionales de consumo y su importancia para el pueblo Sikuani.

La comunidad cuenta con un banco de semillas de diferentes variedades de yuca, un recurso importante para preservar la diversidad de sus cultivos y mantener sus conocimientos agrícolas. Sin embargo, las limitaciones para sembrar en el predio donde se encuentran han llevado a las familias a comprar yuca dulce para continuar con la producción, Esta alternativa les permite avanzar con el emprendimiento mientras buscan mejores condiciones para desarrollar su actividad. También plantea el reto de sostener la elaboración de los alimentos y recuperar, cuando las condiciones lo permitan, una mayor capacidad de producción propia.

Al referirse al futuro de la iniciativa, Emiro Cedeño invita a otros pueblos indígenas a fortalecer sus propias tradiciones gastronómicas como una manera de preservar su patrimonio cultural. "La invitación a las demás comunidades indígenas es a que, por favor, desde su gastronomía típica empiecen a empoderarse y a fortalecerse para que no se pierda la cultura de cada grupo étnico. Ahí es donde nosotros estamos enseñando a nuestros hijos, a nuestros sobrinos, todos los días que no se les olvide esta importante cultura", puntualiza.

En Tame, Arauca, PERI Y MATSUKA representa una apuesta por la seguridad alimentaria, el emprendimiento comunitario y la continuidad de la cultura Sikuani. Mientras las familias trabajan para superar las limitaciones relacionadas con el acceso y la legalización de la tierra, el casabe y el mañoco se convierten en una forma de compartir sus saberes y mantener viva su identidad ancestral.
 

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