En instituciones bilingües Ingas en el alto y medio Putumayo la comunidad educativa se encuentra para crear seis rondas infantiles que expresan los saberes, la lengua materna y la memoria del territorio. Estudiantes, padres y educadores enseñan y aprenden a través de la música y el juego.
En 2025, niñas, niños, docentes, dinamizadores pedagógicos, familias y autoridades de las instituciones educativas bilingües del pueblo Inga del Putumayo, se encontraron alrededor de la música, el juego y la memoria para crear MUIURI: rondas infantiles del pueblo Inga, una serie audiovisual que fortalece la lengua materna y acerca a las nuevas generaciones a los conocimientos ancestrales del territorio.
¿Qué es MUIURI y cómo fortalece la lengua materna del pueblo Inga?
La producción está conformada por cinco rondas creadas desde las comunidades educativas y una sexta realizada en colaboración con el pueblo Awá. El proceso contó con el apoyo de la Unión Temporal Ingakuna Sugllapi Tukuspa, quienes actúan como un operador del Sistema de Educación Indígena Propio y el acompañamiento de la Secretaría de Educación del Putumayo y la realización audiovisual de Polimorfo Cine.
Más que canciones infantiles, las rondas de MUIURI son una forma de conservar historias, palabras y maneras propias de interpretar el mundo. Para Camilo Jansasoy, docente de la Institución Educativa Rural Bilingüe Inga Iachai Wasi Carlos Tamabioy, la lengua materna representa la identidad de un pueblo porque en ella habitan conocimientos, pensamientos, costumbres y formas de relacionarse con el territorio.
“Si nosotros conservamos la lengua, también tenemos ese arraigo profundo a los conocimientos, a las costumbres, a las tradiciones y a las vivencias”, explica el docente, quien señala que existen palabras y significados propios que no pueden ser traducidos completamente a otros idiomas porque hacen parte de una manera particular de comprender la vida.
El fortalecimiento del idioma Inga hace parte de un proceso más amplio de educación propia que busca recuperar palabras que con el paso del tiempo han dejado de ser usadas y que permanecen en la memoria de los mayores. Para ello, las instituciones desarrollan encuentros, conversatorios y espacios de aprendizaje con sabedores y abuelos ancestrales, quienes comparten relatos, historias y conocimientos transmitidos durante generaciones.
Dentro de este proceso nacieron diferentes rondas musicales. Una de ellas es KIMSA RUNA (Las tres vocales), creada en Mocoa a partir de actividades vivenciales donde estudiantes y comunidad recorrieron el territorio, conversaron y reconocieron los elementos que hacen parte de su entorno.
En Villagarzón, surgió Kallaringapa Amchikunawa (Iniciando con los niños), una ronda pensada para fortalecer la escritura y aprendizaje del idioma Inga en los primeros grados escolares, utilizando las vocales A, I y U como un elemento de juego y aprendizaje.
También está Pallai (La Cosecha), creada en la sede Blasiaku de la Institución Etnoeducativa Rural Bilingüe Inga Atun Ñambi. Esta canción recoge los conocimientos alrededor de la chagra, uno de los espacios fundamentales donde se relacionan la enseñanza, la alimentación, la naturaleza y la vida comunitaria.
En Villa Catalina, Puerto Guzmán, nació Inga Kanchi (Somos Ingas), una ronda orientada a fortalecer la expresión oral de los estudiantes y generar confianza en el aprendizaje de la lengua propia.
Por su parte, en Santiago, Putumayo, se creó Pikunata Kanchi (Quiénes somos), una propuesta que permitió investigar sobre los nombres propios y la memoria de los mayores de Manoy. A través de conversaciones con los abuelos y la recuperación de relatos ancestrales, los estudiantes conocieron la relación espiritual que existía entre algunos apellidos y elementos de la naturaleza.
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“Antes los nombres propios tenían una relación con ciertos seres de la naturaleza, como el oso o el tigre. Eso es lo que se narra en estas historias, cuentos y versos que estamos creando”, señala Jansasoy.
Para el docente, estas rondas permiten que los estudiantes aprendan de una manera cercana y significativa, porque los conocimientos no solo se transmiten dentro del aula. La enseñanza también ocurre en espacios como la chagra, los ríos, los caminos ancestrales, la tulpa, la maloca y los lugares donde permanecen las memorias del territorio.
“Nosotros aprendemos desde diferentes espacios pedagógicos, no solamente desde las cuatro paredes del aula”, afirma Jansasoy, quien explica que estos recorridos permiten fortalecer la lengua mientras se aprende sobre la naturaleza, la espiritualidad y la historia del pueblo Inga.
La creación de MUIURI también representa un encuentro entre generaciones. Mientras los mayores aportan sus conocimientos y relatos, los niños y jóvenes participan en la construcción de nuevas formas para preservar esa memoria mediante canciones, cartillas y herramientas digitales.

Para la comunidad educativa, llevar estos saberes a formatos audiovisuales permite que las rondas puedan circular entre familias, escuelas y territorios, convirtiéndose en herramientas para cantar, jugar, aprender y reconocerse como parte de una cultura viva.
Actualmente, las instituciones educativas bilingües del pueblo Inga avanzan en la implementación de un modelo de educación propia construido desde los saberes comunitarios, con ejes relacionados con territorio y cosmovisión, idioma propio, medicina y espiritualidad, y organización social. Este proceso busca fortalecer una educación intercultural donde dialoguen los conocimientos propios y otros saberes.
Los videos de MUIURI serán publicados en las plataformas digitales de Ingakuna Sugllapi Tukuspa, organización que trabaja por el fortalecimiento de la cultura, el territorio, la espiritualidad y la autonomía del pueblo Inga a través de la educación propia.