La Asociación de Mujeres Hilando Paz (AMHIPAZ) es un testimonio vivo de transformación y reconciliación, una unidad productiva que nace en una casa familiar en la vereda Santa Rosa, en el municipio de Caldono, Cauca. En este territorio, históricamente azotado por los rigores del conflicto armado, un grupo de 15 personas compuesto principalmente por mujeres firmantes decidió unirse para cambiar los fusiles por hilos y silenciar el ruido de la guerra con el rítmico compás de las máquinas de coser. Su historia no solo habla de confección textil, sino de la reconstrucción profunda del tejido social en una de las regiones más complejas de Colombia.
María Lucrecia Viscue, representante de esta iniciativa local, resalta que “desde el 2022 han venido trabajando junto con mujeres de la comunidad, enfrentando el inmenso desafío de regresar a la vida civil en un entorno marcado por la estigmatización y la falta de oportunidades”. Lejos de rendirse, las integrantes de AMHIPAZ identificaron en la costura y el diseño una herramienta poderosa para alcanzar la autonomía económica y dignificar sus vidas.
La vereda Santa Rosa se convirtió en un lugar seguro rodeado de colores e ideas, logrando conformar un espacio donde cada puntada a significado un paso firme hacia un futuro alejado de la violencia.
“Nuestros puntos fuertes son el saber ancestral en tejidos, la precisión técnica en corte y confección, así como el manejo de maquinaria industrial y bordado digital” dice María Lucrecia, sintiéndose segura de cada corte y puntada que hacen en este lugar rodeado de hilos, diseños y colores.
La apuesta de AMHIPAZ va mucho más allá de la producción de prendas de vestir; es un ejercicio de sanación y memoria colectiva. Al sentarse juntas frente a los telares y las mesas de corte, estas mujeres comparten sus vivencias, procesan los dolores del pasado y proyectan sus sueños de manera comunitaria. El acto de tejer y confeccionar se transforma así en un lenguaje de resistencia pacífica.

Sin embargo, el camino no ha estado exento de dificultades, ya que el norte del Cauca sigue experimentando dinámicas persistentes de conflicto y vulnerabilidad. A pesar de los desafíos de seguridad y las barreras comerciales de la ruralidad, estas 15 personas mantienen en marcha sus máquinas gracias a redes de apoyo, la autogestión y su inquebrantable resiliencia. Cada producto terminado que sale de Santa Rosa lleva impreso el orgullo de mujeres que se reconocen hoy como creadoras, empresarias y lideresas de su propia historia.

Hoy en día, La Asociación de Mujeres Hilando Paz (AMHIPAZ) se ve como un faro de esperanza y un modelo de reincorporación comunitaria con enfoque de género. Su trayectoria demuestra que las mujeres firmantes no solo cumplen los compromisos de lo pactado, sino que lideran la transformación productiva y cultural de sus regiones. Al hilar modas, diseñar futuros y confeccionar oportunidades, demostrando que es posible remendar las heridas del conflicto y bordar un nuevo horizonte de convivencia en Colombia.