En su libro “Cuando Matilde camina”, dedicado a la historia de las canciones vallenatas, el investigador Julio Oñate Martínez describe a Tobías Enrique Pumarejo Gutiérrez como “un ya famoso trovador vallenato, enamoradizo y parrandero, descendiente de hacendados, que tenía gran afición por los caballos alazanes, los sombreros finos y las mujeres de ojos penetrantes”.
Pumarejo, mejor conocido con su eterno apodo de “Don Toba”, nació en Valledupar, en ese entonces departamento del Magdalena, el 8 de agosto de 1906. Hijo de una próspera familia ganadera, en su juventud fue enviado a estudiar bachillerato al Liceo Antioqueño de la Universidad de Antioquia, en Medellín. Allí, con otros ilustres paisanos entre los que se encontraba el futuro gobernador Pedro Castro Monsalvo, conformó un grupo para difundir la música costeña en calidad de aficionados, bajo el nombre de Orquesta Magdalenense. Ahí fue que empezó a foguearse como compositor.
De regreso a su tierra se encargó de administrar El Otoño, la hacienda familiar cerca de El Copey, Cesar. Su amor por la música de acordeón fue apenas superado por el que le tenía a sus caballos. Para ellos escribió temas como “Los tres caballos”, “Mi potrerito” y “El alazanito”, esta última grabada por Alfredo Gutiérrez. El Otoño fue un lugar famoso además por las parrandas vallenatas que promovía Don Toba, que podían durar hasta quince días. Allí, contaba él, le dio las primeras lecciones de composición a eximios continuadores de su obra como Rafael Escalona y Gustavo Gutiérrez.
En 1948, Pumarejo le cedió al cantor Guillermo Buitrago un tema que se convertiría en banda sonora de todas las navidades en Colombia y otros países: el merengue vallenato “La víspera de año nuevo”. Respecto de esa tonada, José I. Pinilla Aguilar anota en “Cultures de la música colombiana”: “Sentimientos encontrados vierten en cada pecho al escuchar los estallidos de voladores que como luciérnagas gigantes surcan los cielos en las alborozadas noches cuando un año muere y el otro nace (…). Agüeros de viajes cargando la maleta dando vueltas a la casa, uvas, copas de vino, comilonas, tragos y mil cosas más se entremezclan en todos los tejidos sociales que pueblan el universo, con el canto de ‘La víspera de año nuevo’”.
Temas como “Mírame Fijamente” (con versos basados en un cuplé que escuchó en una película de Sarita Montiel), “Muchacha patillalera”, “La cita”, “Nueve de mayo”, “Alma de Valledupar”, “Desolación”, “Sabana sanjuanera”, “Ojos penetrantes”, “La Muerte de Pedro Castro” (también conocida como “Tres de marzo”) y “Mala suerte” hacen parte de las más de 150 inspiraciones de Don Toba, que además de los aires vallenatos incluyeron rancheras, valses y pasillos.
Pero Don Toba no sólo fue un precursor de la creación vallenata, sino que con sus letras ya apuntaba a la génesis de un vallenato romántico y lírico, perfeccionado luego por su discípulo Gustavo Gutiérrez y otros compositores que le sobrevendrían.
Muchas otras cosas podrían decirse de Pumarejo, como que fue jurado de la primera edición del Festival de a Leyenda Vallenata en 1968, que en su situación holgada le abrió las puertas del Club de Valledupar a la música de acordeón o que fue capaz de convertirse en un compositor de quilates pese a que no sabía tocar ningún instrumento. Don Toba falleció en Barranquilla a sus 88 años, el 8 de abril de 1995.
El 8 de agosto conmemoramos 120 años del nacimiento del legendario compositor vallenato Tobías Enrique Pumarejo. Por eso es nuestro Artista de la Semana.