En el municipio de La Vega, el corazón de la gran fábrica de agua de Colombia, ubicado en el sur del departamento del Cauca y en pleno territorio del Macizo Colombiano, la comunidad del corregimiento de San Miguel y otros sectores locales han tomado la iniciativa de construir un vivero comunitario para devolverle la vida a sus montañas.
Con las manos en la tierra y el propósito de sanar los ecosistemas de esta región estratégica, campesinos, indígenas, mujeres, niños, líderes y colectivos locales han puesto en marcha este ambicioso plan de reforestación comunitaria que busca transformar zonas degradadas en ecosistemas resilientes.
Preparar la tierra en La Vega: la ruta hacia los primeros 3.000 árboles
El proceso de restauración ecológica no empieza con la siembra, sino con el cuidado previo del suelo. Como primer paso estratégico, la comunidad avanza en la preparación del terreno y el embolsado de los primeros 3.000 árboles nativos que darán forma al nuevo bosque. Esta etapa inicial sienta las bases para garantizar la supervivencia de las plántulas, en un esfuerzo colectivo que demuestra cómo la organización territorial es la herramienta más eficaz contra la degradación ambiental.
“El proyecto del vivero comunitario nos permite conseguir y rescatar semillas nativas para sanar nuestras montañas. Más allá de sembrar árboles, esta iniciativa une a la comunidad en torno al cuidado de la tierra, garantizando que el conocimiento ancestral sobre la biodiversidad de La Vega permanezca vivo y se transmita a las futuras generaciones” destacó Esperanza Pusquín, habitante de la vereda El Cucharo, sobre la consecución del material vegetal y el valor socioambiental del proceso.
Especies nativas para proteger la red hídrica
La selección de especies para la reforestación respondió a criterios de conservación ecológica e hidrológica. Durante las siembras realizadas en las márgenes de la quebrada La Ascensión, vital para el abastecimiento local, se priorizó la plantación de especies nativas clave como Nacedero (Trichanthera gigantea): Especie fundamental para la regulación hídrica y la protección de fuentes de agua, el Cachimbo (Erythrina sp.): Árbol fijador de nitrógeno que mejora la calidad de los suelos degradados, el Guayacán (Handroanthus sp.): Aporta estructura al bosque y alimento a la fauna local y el Nogal (Juglans neotropica): Especie de alto valor ecológico que favorece la captura de carbono y la estabilidad del terreno.
La cobertura vegetal instalada en las rondas hídricas busca mitigar la erosión, mejorar la infiltración del agua de lluvia y restablecer el hábitat para la fauna y flora nativas del Macizo. En este proceso de entrega y cuidado continuo del material forestal, Marlyn Carvajal, campesino y habitante del sector hizo un llamado a la constancia comunitaria: “Gracias a Dios los árboles ya se entregaron y la gente los sembró. La recomendación principal es no olvidar echarles agua para cultivarlos bien, mientras seguimos atentos al avance y radicación del proyecto”.
Por su parte, el líder Oveimer Mamián Campo ratificó: “Cada semilla, cada planta y cada jornada de trabajo son una muestra de que cuando una comunidad se une por un propósito común, puede generar grandes cambios. Hacer este vivero es tarea de todos. Sembrar árboles nativos es sembrar vida, esperanza y futuro para La Vega y para el planeta”.
Acción local frente al reto global
Aunque la crisis climática y la pérdida de biodiversidad representan desafíos globales, las acciones concretas en el territorio marcan la diferencia. La experiencia en la vereda El Ventiadero evidencia que la suma de esfuerzos comunitarios consolida procesos reales de conservación a largo plazo.
Con cada árbol sembrado a orillas de sus quebradas y en sus montañas, La Vega no solo siembra sombra y biodiversidad para el mañana, sino que reafirma el compromiso del Cauca con la protección de las fuentes hídricas que abastecen al país del el Macizo Colombiano, conocido como la Estrella Fluvial de Colombia. La comunidad continúa activa en las jornadas de preparación y siembra, demostrando que la restauración ambiental se construye desde el territorio y de la mano con su gente.