Escalona cumple 100 años: la vida, la obra y las anécdotas del compositor que inmortalizó al Caribe
Celebramos 100 años de Rafael Escalona, compositor grandes ligas del vallenato. El de la promesa con su amigo Jaime Molina: “Queee, si yo moría primero él me hacía un retrato, o si él se moría primero le sacaba un son”. El de la mente volada que imaginó una Casa en el Aire para su hija. El Patillalero, siempre enamorado, que en “El Mejoral” nos enseñó su filosofía romántica: “Yo quiero a la que me quiere y olvido a la que me olvida”; y el que en “El Testamento”, a una mujer le escribió su despedida con sentimiento: “Como es estudiante ya se va Escalona, pero de recuerdo te deja un paseo” ¡Ay hombe!
Las canciones de “Rafa”, dotadas de poesía, han emparrandado a varias generaciones y hoy siguen sonando grabadas por intérpretes de diversos estilos.
En los años 90, una serie televisiva inspirada en la vida del maestro (que estuvo disponible en Netflix), fue protagonizada por Carlos Vives, quien junto a Egidio Cuadrado y músicos brillantes, pusieron al país a cantar Escalonazos. Y la historia continuó. Vives, lanzó el álbum “Escalona nunca se había grabado así” en 2023. Una tremenda producción con versiones de clasicazos tipo: “Mala Suerte”, “El Villanuevero” o “Carmen Gómez”, para que nunca acabe la parranda.
Escalona el cronista, desde muy chico y según él, rebelado contra su familia de altos recursos, componiendo a punta de silbido, plasmó en cantos los sucesos de su tierra.
Fue entre otras, algodonero, y se relacionó de forma estrecha con los políticos. Incluso, los citó en varios temas. Un par: “El Godo Decente” que nombra a Belisario Betancourt, o “López es El Pollo”, hecho para la campaña presidencial de Alfonso López Michelsen. El compositor junto a “Colacho” Mendoza y la fuerza del vallenato, fueron de los impulsores de la creación del Departamento del Cesar (1967).
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Su obra es extensa como las anécdotas de su vida.
En septiembre de 2008, nos sentamos a charlar con Rafael Escalona en medio de una sesión de fotos y video. El maestro estaba enfermo, y aún así, fue el
Escalona alegre y dicharachero de siempre. Nos invitó a parrandear, a tomar “tinto amarillo”, -como decía-, y hasta cantó estrofas de un tema inédito grabado más adelante por Jorge Oñate. El maestro falleció en mayo de 2009 a punto de cumplir 82 años.
En esta nota, que es un diálogo más que una entrevista, Escalona se explaya con su información. Reflexiona sobre el vallenato tradicional. Nos cuenta qué piensa sobre las versiones que ha hecho Carlos Vives de tantos de sus éxitos. Da su opinión sobre el vallenato que sonaba entonces, y explica cómo le pondría letra a un vallenato ‘Nueva Ola'.
Transportando su relato siglos atrás, narra cómo de una celebración religiosa, surgió el Festival de la Leyenda Vallenata. Habla sobre su Premio Grammy, de cuando empezó su relación con los políticos, y de cuál fue su mayor parranda.
Escalona reflexiona sobre el vallenato tradicional
Hay un tremendo error. Un error garrafal. No hay nuevo vallenato. El vallenato vallenato es el vallenato de toda la vida. Han querido hacer unas innovaciones, una mezcolanza de música gringa, hasta de música con influencia mexicana con el vallenato. Aquello es una cosa, y otra cosa es otra cosa.
El vallenato vallenato es el de toda la vida. Yo conozco a Poncho Zuleta, a su señor padre. A Emilianito (Zuleta), a Morales (Lorenzo), a Iván Villazón, a Jorge Oñate. Casi todos ellos, ahijados míos con mucho honor, que son los consagrados y son los que han hecho esta cadena. Pues ellos forman el orgullo del vallenato, esta cadena de producciones. Y date cuenta, por ejemplo, para todo el público nacional, ya el rock and roll este que han tratado de decir que es vallenato,(se refiere como rock and roll, al llamado vallenato Nueva Ola), le han embutido un pocón de instrumentos, pero los instrumentos no tienen nada qué ver. Pónganle lo que quieran. Una sinfónica tiene 80 instrumentos y más. El vallenato, el nativo de nosotros es la caja, guacharaca y acordeón, y con eso se han suscitado las grandes parrandas del vallenato. Con eso se ha inmortalizado el vallenato. Que se le ponga lo otro por recurso comercial, o para hacer más bailable la cosa, - más bailable para el forastero -. porque para mí y para el legítimo vallenato, no hay cosa más sabrosa que bailar un paseo, un merengue con caja, guacharaca y acordeón.
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Maestro ¿cómo le parecen las versiones que ha grabado Carlos Vives de sus composiciones?
Yo respeto mucho el concepto de Carlos y lo quiero muchísimo. Prueba de ello es que yo lo elegí para que él hiciera una telenovela sobre mi vida. Y cuando lo oí cantar entre todos los que escuché, para dar mi visto bueno, dije: “Este es el hombre”. Y la gran sorpresa cuando le pregunté: ¿Y dónde aprendiste vallenato? Él nunca había desplegado como vallenato. Él había cantado sus canciones, pero no vallenato. Y me dijo: “Ah maestro es que yo soy sobrino de los Vives. De Rodrigo Vives que hizo su medicatura en Valledupar” Y como ellos (miembros de la familia Vives) hicieron su medicatura allá en Valledupar, eran mis compañeros inseparables. Allá los sábados y domingos se me presentaban a mi finca con el viejo compadre Emiliano Zuleta, con cualquiera de estos muchachos que comenzaban. Con Iván (Villazón), con Poncho Zuleta, con Emilianito, con Jorge Oñate. Todos los que ya son verdaderas figuras folclóricas. Entonces, Vives sí sabe. Y él, como su mundo dejó de ser nuestro mundo; porque a él, indudablemente, el vallenato le debe mucho: porque lo hizo universal.
Yo tuve la suerte que muy muchacho me sorprendieron de Cuba, La Sonora Matancera o El Trío La Rosa, ya grabando “El Pobre Migue”, “El Testamento”, “La Maye”. Fue la primera música vallenata que los grupos cubanos grabaron. También lo hicieron Nelson Enríquez de Venezuela, La Billo´s Caracas Boys. Aquí, el maestro Pacho Galán, Lucho Bermúdez, Álvaro Dalmar. Todos los grandes de la música colombiana me han honrado con tenerme en cuenta.
¿Qué piensa del vallenato actual? De lo que suena. De lo que se está haciendo en este momento
El vallenato es vallenato sencillamente: merengue, paseo, son, y puya. El legítimo vallenato es el que hemos hecho toda la vida. El vallenato no es el vallenato que ustedes ven ahora con motores eléctricos en la cadera, en las piernas. El vallenato es el baile más bonito que hay, paseaito, sabroso. El paseo se baila paseaito, como el son: un ritmo más vivo. La puya es muy rápida. El merengue es una berraquera: se baila, tiene su estilo paseadito, brincadito, es diferente a todos los bailes. Le ponen lo que le ponen, pero sigue siendo el vallenato.
Te decía que te des cuenta, ya 20 o 30 años que tenga el nuevo rocanrol que hacen los vallenatos, no ves un solo rocanrol que lo toque otro grupo que no sea el que lo hizo. No hay un solo rocanrol que tenga una música que tú la puedas identificar: Vamos a cantar tal rocanrol, ¿Cómo? Tú lo bailas. La juventud. Los muchachos y tus primitos. La letra, ¿quién se sabe la letra de un vallenato rocanrol?
Ahora le están metiendo cierta semejanza en letra. Pero es que tú no oyes una narrativa folclórica sino na’ más: “Que tu tética, que tu tética, tiembla mucho cuando te veo con vestidos de baño…” Pero no hay un historial pues, una narrativa. No hay un cuento.
Acá, cómo haría Rafael Escalona una letra de vallenato “Nueva Ola”:
Yo de hablar de eso de una niña, diría:
“Al mirarte, te miro con mucho respeto y admiro tu belleza. Por ejemplo, lo que llevas tapado de la garganta pa’ abajo: todo es bonito”.
Así se puede hacer una canción. Que es diferente a estar con “Que tiene la puntica rosada” y de ahí no salen. Entonces, que examines y dile a alguien: cántenme un rocanrol. Siquiera la letra. Ni la pueden silbar porque todos son lo mismo.
En 2006 le entregaron un Premio Grammy Latino por su trayectoria musical ¿Cómo fue eso?
Aquí estuvo la directiva de los Grammy de Nueva York. La plana mayor como se dice. Estuvieron dos, tres veces. Y a mí me fue muy extraño porque yo no me creo pues…Sí me creo, ¿por qué no?, un compositor completo. Hago mi música. Hago mis letras. Han tenido triunfo resonante en todo el mundo, hasta en Rusia.
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Háblenos sobre cómo surgió la idea de crear el Festival de La Leyenda Vallenata.
(En este segmento se va hacia sus conexiones sociales y políticas, personajes que le presentó el ex Presidente de la República Alfonso López Michelsen).
El Festival es secuencia directa lógica e inmediata de la creación del departamento (El Cesar). Ese fue, podríamos decir, nuestra cota de malla, en el vallenato. Porque el vallenato ya se conocía. Ya yo había estado aquí en Bogotá, con mi grande amigo el doctor Alfonso López.
Me trajo de 14 años no cumplidos. Me hospedó en su casa, en Los Antares. Cuando venía con él, o cuando él estaba aquí, ese era mi posada, desde luego, - pues no pagaba nada- y ¿Dónde iba a estar mejor? Y me querían mucho.
Cuando él no estaba entonces yo me hospedaba… Yo tenía que venir con mucha frecuencia porque me dediqué al cultivo del algodón y venía a buscar repuestos. Entonces, me hospedaba en el hotel Continental, que era el hotel familiar. Ahí se hospedaban todos los senadores, representantes de todo el país. Los intelectuales: estaba el filósofo Carrillo, me acuerdo. Ahí vivía el Presidente Valencia: siendo, antes de ser y después de ser presidente. Y ahí, yo tenía mis
grandes amigos que me presentó el doctor López. Entre esos, Miguel Santamaría Dávila, un eminente abogado, -acaba de llegar como embajador en Rusia-, ha sido senador de la República, Representante, ha sido todas las posiciones brillantes. A Fabio Echeverri Correa, ex Ministro, Senador de la República. A Jaime García Parra, también ministro. Ese grupo de muchachos de la juventud de ese entonces, con el doctor Martínez Zuleta, el doctor José Antonio Murgas, todos estos senadores. Con el doctor Crispín Villazón de Armas, presidente del Senado, todos sus amigos entre los cuales están estos personajes
Hace un momento usted me contó que parrandeaba mucho con esos amigos ¿Cómo eran esas parrandas?
Tomar trago viernes, sábado y domingo. Normalísimo. O cualquier día que nos reunamos pues entre nosotros. Allá en Valledupar es normalísimo que en el almuerzo traen un invitado, cualquier día, martes, miércoles, y se pone lógicamente la comida típica y la que quiera el invitado, con su jarrón de jugo y su botella de Old Parr. El que quiera una cosa, una cosa. El que quiere tinto amarillo, tinto amarillo. Allá llega una visita y se le dice: ¿Qué te provoca? la cosa más normal. Me comprometo a una cosa contigo, el sábado que quieras vienes aquí, los invito a todos. Se toman unos whiskys. Aquí a dos cuadras, yo tengo a Alberto Fernández, con Otto Miranda, gran guitarrista.
Maestro, y ¿la idea del festival fue cómo? Ustedes se reunieron los tres y dijeron: vamos a armar acá algo ¿o qué?
(El autor se remonta a siglos atrás en su respuesta. Al origen religioso que tuvo la celebración)
Ese Festival es bastante largo. Resumo: El Doctor López era gobernador. Yo era su secretario. Entonces teníamos la visita permanente y asesoría de la comadre Consuelo “La Cacica” y salíamos de la Gobernación, atravesamos la plaza y llegamos donde vivía el doctor López -la casa del ex Ministro y Senador Pedro Castro Monsalvo, la figura más relevante de la política costeña-. Ahí, éramos invitados permanentes al almuerzo, y en ese intermedio hablábamos de muchas cosas. Nadie se cansaba de escuchar al doctor López, y una vez nos hizo una pregunta: ¿Cuál es la mejor fiesta de Valledupar? ¿Cuál consideran ustedes?
Cada uno fue opinando, entre esas, doña Myriam Pupo de Lacouture,- quien también tuvo mucho qué ver con el Festival - Alguien dijo: no, la Semana Santa. Otro respondió: no, porque la Semana Santa se celebra en todo el mundo de la cristiandad, desde Belén para acá. Ah no, el día del Santo Eccehomo. No señor dijo otro, porque ese es el patrón de aquí y aquí la Patrona de San Francisco que también tiene su fiesta, y Valencia tiene al Jesús Caído, y Patillal tiene a la virgen de Las Mercedes. Argumentaciones para decir que cada pueblo tenía sus fiestas y su patrón, su santo,
Otro dijo: los carnavales… ¡No! eso viene de Venecia, y vayan a bostezarle a Río de Janeiro ¿cómo se van a atrever a ir con una parranda vallenata a Rio de Janeiro? Entonces, quedó así un rato de suspenso. La comadre Consuelo dijo: “Ah pero es que aquí hay una cosita, aquí hay un arristranco”, - arristranco es algo que se le pone a la mula, para sostener la enjalma, y a los burros para sostener la engarilla. Como especie de una cinta que le ajusta de las costillas, le da vuelta por debajo del rabo, por las nalgas, y eso ajusta…-
“Aquí hay una cosa que no la tienen otras Semanas Santas. En ninguna parte del mundo, -Dijo mi comadre con su voz chillona- y siguió: aquí nosotros tenemos algo que no lo presenta ningún acto religioso de la Semana Santa, que son los Capuchinos de Las Cargas”.
¿Qué es eso? No es leyenda. Tiene su parte de leyenda, pero la parte de fe, la parte devota para darle fuerza al cristianismo en ese entonces. Existía la campaña conquistadora. Ya el gobernador de Santa Marta estaba cansado de mandar tropas a conquistar a los indios, los Tupenses, de la tribu Tupe (ahí cerca de Valledupar está el pueblo Tupe). Tenían conexiones con… los indios de La Nevada, que fueron poco aguerridos, fueron pacíficos. Más los guajiros que son caribeños…
Entonces los españoles estaban diezmando las tribus todas, y hubo reunión de caciques. Conjeturaron que tenían que atacar a los españoles. Llevarlos sobre un sitio donde no hubiera agua. Los españoles no sabían eso, pero los indios sí lo sabían. Y construyeron ese sitio. No había sino un jagüey natural que se llenaba con aguas de lluvia, entonces: envenenarles el agua con barbasco - barbasco es una especie de planta exactamente como el maguey, siendo más pequeña, y torcidita así, encaracolada. Eso bota una savia blanca, la machacan en las pesquerías, en las cabeceras de los ríos se la echan al pescado y los embolata, los ciega, entonces vienen con el hociquito afuera, buscando el aire, esa era la pesca de pueblo.
Entonces ya, se planificó la masacre y trajeron a los españoles a ese sitio. Llegaron hambrientos, con sed, y figúrate, a beber agua, y todos, según el lenguaje de la crónica, quedaron “Con la pata pará”. “Pata pará” es listo, muerto.. No pudieron bajar la pata.
El último que cayó fue el cura. Cayó con las manos en el corazón y mirando para el cielo. Antes de caer vieron que se reflejó la imagen de una santa vestida de blanco, con una estrella luminosa. Y todo el mundo se levantó: “El milagro de la virgen de Las Mercedes”. Desde ahí salieron para Valledupar al convento Santo Domingo a bautizarse todos los indios.
De ahí entró la cristiandad y quedó dominada la rebelión indígena. Y se formó eso que se le agregó al ceremonial religioso católico. Pero esto ¿en qué constituía? En la plaza de Valledupar, se hace una especie de jagüey: su virgen
vestida de blanco, y por acá por todo el pueblo, en los barrios del pueblo, vienen los indios bailando su danza. Muy bonito, esos son caracoles para allá. Los viejos nativos de Valledupar, viejos de 90 años que pueden caminar, van a esa cosa, y van hacia el jagüey, hasta cuando llegan al jagüey y se repite el ceremonial que se imaginan, se hizo durante la conquista. Todo eso. Y terminan saliendo para el convento y ahí se dice la misa.
Entonces, - “Vamos a renovar eso”, dijo el doctor López. Este es el anzuelo. Porque estaba desapareciendo esa parte de la celebración por razones socio económicas, culturales.
¿Por qué? Porque en un principio había cinco, siete mil indios, de la congregación. De eso que festejaban. Era el pueblo con cariño, con amor. Era devoción. Y gente de la alta alcurnia, caballeros de gran estirpe, que se vestían de nazarenos en la catedral mayor de Valledupar en la plaza, y llegaban hasta la salida de la plaza, y de ahí… - nazareno de todo: con su túnica, sus fuetes, y sus cotizas-. Y ahí se quitaban las cosas, se devolvían y el pueblo seguía: los indios tocando caracol dando vuelta alrededor de la virgen, iban y daban vuelta al pueblo. Pero ese ceremonial hasta en ese entonces, les estoy hablando, estaba desapareciendo. En vez de siete, o cinco mil “hermanos del señor” como les decían, iba desapareciendo pero con toda ligereza, por razones socio económicas y culturales.
Anteriormente, las indias eran las niñas del pueblo, -lindísimas todas-, hacían sus collares, sus cosas de semillas de árboles que había en toda la serranía y en el Valle del Cesar. Unas semillas de pionío, de tropío, de almendro. Lindísimas, de diferentes colores. Como esas que hoy venden, hacen las carteras y se las pegan.
Bueno, ya esas no estaban en uso. Ahora venía la fantasía, en esa época
Y los que estaban en las fincas, que se vestían de nazarenos ¿Qué estaban haciendo en ese entonces?
Ya estaban en la universidad de Bogotá o de Medellín, o de otras ciudades. Ya el tipo tenía una cultura diferente. Ya decía: Qué me voy a poner ese ropaje de nazareno, a sudar. Entonces se ponían un momento, unos 20 minutos un ropón para el simbolismo. Se fue aminorando por estas razones que les he contado, hasta llegar de siete mil a 600 o 500 Hermanos de Jesús.
Con esta medida que tomamos, revivió el fervor. Las muchachas por noveleras, por lucir bonitas, su ropa ajustada, sus cosas, y se fomentó otra vez el fervor de la cosa.
Hicimos el primer Festival y ya ninguno le paraba bolas a la procesión de tal santo ni nada, sino a los indios, a los hermanos, y los nazarenos en la calle con su fuete, pues dándose, para cumplir su promesa. Eso le dio una fortaleza
única a la Semana Santa, que está considerada ya en Colombia como una de las fiestas madre.
Cambiando de tema, usted ha hecho himnos como “Jaime Molina” que pone a la gente nostálgica. Cuénteme ¿qué lo pone triste?
A mí, la muerte de un amigo. Mujer u hombre. Puede ser un alto personaje o un campesino de lo más humilde, pero que yo lo haya tratado. O un tipo bueno en el pueblo: el viejo José María. Personas que tienen su notoriedad no porque vistan elegante, ni las joyas, sino porque hay personas que lucen como son.
Usted ha sido un alto parrandero ¿Cuál ha sido su parranda más memorable?
Mira, la pregunta es fregada. No es capciosa, pero en mi caso sí, y eso se espera comprensión de parte tuya. Yo he estado en todos los extremos: desde con el Presidente de Estados Unidos, pero apartemos eso. Presidentes de muchos países de América. Apartemos eso. Yo tengo fiestas con excepción del Presidente Barco (Virgilio), de ahí para acá hasta con el Presidente Carlos Lleras Restrepo, me llevó desde muy pelao -cuando yo comenzaba con mis inquietudes- a inaugurarle el frigorífico de La Gloria, sur del Cesar, y quedamos siendo buenos amigos. Todos los presidentes me han invitado al Palacio. El Presidente Valencia (Guillermo León) me hizo una fiesta con el título en la primera página del periódico El Tiempo. “Vallenato en Palacio”. Llevó al maestro Lucho Bermúdez, al maestro Pacho Galán…