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Día Internacional de la Música Extraña
Día Internacional de la Música Extraña. Imagen generada con IA

Colombia también tiene sonidos que se salen del molde: propuestas experimentales para celebrar el Día de la Música Extraña

Cumbia que se encuentra con el rock, guitarras que parecen desafinar a propósito, jazz que se construye sobre la marcha y sonidos electrónicos que desafían cualquier clasificación. En el Día Internacional de la Música Extraña, hacemos un recorrido por algunas propuestas que han convertido la experimentación en una forma de crear, agrupándolas según los mundos sonoros que las alimentan.

En 1998, al músico estadounidense Patrick Grant se le ocurrió una idea bastante transgresora: crear un día para invitar a la gente a escuchar cosas diferentes y sacudir un poco el oído.

No se trata de celebrar un género en específico, sino de abrirle la puerta a lo que se sale de la norma; es una excusa para encontrarnos con canciones sin fórmulas fijas, mezclas raras, improvisación y cualquier propuesta que nos obligue a escuchar diferente. Y si hablamos de retar los límites, la escena colombiana tiene un arsenal increíble.

En el país, especialmente a través de espacios y colectivos vinculados a la música experimental, diferentes generaciones de artistas han cruzado el folclor colombiano con el jazz, el punk, la electrónica, el noise y la improvisación. La Distritofónica, por ejemplo, fue fundamental para reunir propuestas que exploraban estas fronteras y que entendían la música colombiana como un territorio donde las tradiciones no son estáticas.

A propósito de la fecha, armamos una ruta por algunas de las propuestas más interesantes para que te adentres en estos universos.

Cumbia, folclor y tropicalia: cuando la tradición se vuelve psicodélica

Un punto de partida fascinante es la música tropical. En lugar de quedarse en la nostalgia de la cumbia, el porro o el vallenato tradicional, varios artistas tomaron esa matriz sonora para llevarla a terrenos espaciales, electrónicos y hasta ruidosos.

El ejemplo perfecto es Meridian Brothers, el proyecto de Eblis Álvarez. Aquí la cumbia y la salsa se deforman a punta de sintetizadores, sampling y efectos impredecibles. En discos como Cumbia Siglo XXI, la tradición se abraza sin pena con la composición algorítmica.

En esa misma línea y con varios músicos en común, están Los Pirañas. Lo suyo es un cruce explosivo entre cumbia, vallenato, chicha, surf y guitarras eléctricas que se niegan a sonar normales. Es un sonido tropical, pero también disonante e hipnótico.

Desde el eje cafetero Los Trejos Brothers nos muestran otra manera de cruzar el folclor con lo inesperado. Lo que empezó como un experimento electrónico entre los hermanos Camilo y Sebastián Trejos se transformó en un sello propio: el electrópico, una fusión donde los sonidos caribeños, la psicodelia y las capas digitales conversan de tú a tú con nuestras raíces, llevando su música a un terreno fresco y sin fronteras.

 

Por su parte, Romperayo, liderado por Pedro Ojeda, reelabora guarachas, porros y merecumbés desde la percusión y los archivos sonoros, inyectándoles una dosis de memoria y psicodelia pura. Asimismo Frente Cumbiero, de Mario Galeano, demuestra hasta dónde se puede estirar la cumbia al conectarla con el dub y la electrónica antes de que pierda su esencia.

Aunque si de sonidos demenciales se habla, tenemos que mencionar a Chúpame el Dedo, un proyecto que une la música tropical con el metal extremo y la electrónica. La prueba reina de que la música extraña nace de juntar dos mundos que se suponía no debían cruzarse.

Jazz e improvisación: el arte de componer en el momento

Otra vertiente clave está en el cruce del jazz con la improvisación libre y los ritmos colombianos. Aquí la estructura típica de una canción pasa a segundo plano; lo que importa es la conversación entre los instrumentos, el accidente feliz y la exploración en tiempo real.

Agrupaciones como Asdrúbal marcaron el camino de la improvisación instrumental en Bogotá, mientras que Primero Mi Tía le metió una actitud irreverente al mezclar free jazz, punk y folclor.

 

En una dimensión más compositiva brilla el pianista Ricardo Gallo, quien ha sabido tender puentes entre el jazz contemporáneo y las raíces colombianas. Su trabajo demuestra que una pieza puede sonar profundamente nuestra sin necesidad de copiar al pie de la letra las formas tradicionales.

Aquí la rareza no es solo cómo suena un instrumento, sino cómo se relaciona con los demás, logrando que una melodía pueda evaporarse de repente o que una canción que cambia de rumbo se transforme en una completamente diferente al instante.

Rock y psicodelia: cuando la guitarra se descontrola

El rock también tiene una larga historia de amor con la experimentación; una búsqueda que no persigue la complejidad técnica, sino cuestionar los límites del formato de guitarra al romper las reglas del género.

Esa exploración se manifiesta primero en concebir la guitarra como pura materia sonora. En lugar de acaparar el protagonismo mediante riffs tradicionales o solos, se transforma en capas, interferencias, vibraciones sostenidas o paredes de ruido. A partir de esa premisa compartida, cada propuesta traza una ruta propia; por ejemplo, Montaña apoya su potencia expansiva en una arquitectura de crescendos, texturas, melodías y atmósferas hipnóticas, una propuesta diferente de lo que hace Militantex, que empuja hacia la fricción pura, la saturación y la colisión del ruido, ambas agrupaciones proponen viajes sonoros que tienen como hilo conductor sumergir a la audiencia en un universo sensorial.

Por su parte, los proyectos que dialogan con la estructura de la canción lo hacen desde ángulos opuestos. AcidYesit deconstruye el género mediante una precisión rítmica casi matemática y cambios impredecibles de tensión; La Fea adopta una postura mucho más visceral y cruda, rasgando la melodía a través de disonancias directas; mientras que Hermanos Menores opta por una búsqueda cinemática y melancólica, donde la textura sonora construye relatos abstractos. Lejos de responder a un mismo patrón, cada propuesta reconfigura el formato desde su propia mirada.

 

En otro de los extremos de este espectro aparecen Las Malas Amistades, su experimentación no requiere estruendo ni desborde, sino que sucede en voz baja: mediante el lo-fi, el folk alternativo, pasajes repetitivos y una estética deliberadamente imperfecta que enrarece lo cotidiano. Frente al volumen que explota la saturación, este proyecto sostiene su fuerza en la intimidad y la sutileza.

Esta tensión redefine el concepto de lo experimental: innovar no siempre implica elevar el volumen, sino lograr que un timbre conocido actúe de forma imprevista.

Electrónica, drone y noise: el sonido más allá de la canción

Llegamos al terreno más abstracto, donde ya no existen las estrofas, los coros ni los ritmos tradicionales.

La escena bogotana tiene colectivos fascinantes dedicados al ambient, el drone y el procesamiento electrónico. Proyectos como LHDR cruzan un fagot con sintetizadores y computadores; Re(actio) Lab explora las capacidades del clarinete bajo procesado en vivo; y Cojín de Chayán Chiquito se lanza de lleno a la improvisación electrónica usando el feedback como materia prima.

 

En estos proyectos, una pieza entera puede nacer de una sola frecuencia, un crujido o una resonancia. No se trata de escribir una canción, sino de descubrir qué pasa cuando dejamos que el sonido se exprese libremente.

Escuchar sin prejuicios

Celebrar esta fecha desde Colombia deja como lección que arriesgarnos y experimentar no significa darle la espalda a lo que somos.

La cumbia puede mutar, el jazz habla nuestro idioma; en el rock la guitarra se vuelve textura, y en la electrónica los instrumentos acústicos adquieren vidas digitales. Todos estos artistas comparten una misma convicción: no hay una sola forma "correcta" de hacer sonar la música.

La invitación para este 24 de agosto es a poner una banda de esta lista, salir del algoritmo habitual y dejar que los oído descubran cosas nuevas. A fin de cuentas, incluso los sonidos más extraños de nuestro país tienen una raíz que nos resulta cómplice y familiar.

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