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La lucha por mantener viva la partería afro del Pacífico

María Ángela Cuenú aprendió el oficio de la partería a los 13 años recorriendo esteros y comunidades ribereñas. Hoy, a sus 55 años, teme que los saberes ancestrales de las parteras desaparezcan con el tiempo.
Catalina Silva

La partería ha sobrevivido a la distancia, al abandono estatal, a los cambios en los sistemas de salud e incluso al paso del tiempo. Lo que hoy la amenaza es la posibilidad de que los conocimientos acumulados durante generaciones encuentren cada vez menos manos dispuestas a heredarlos.

Esa preocupación acompaña a María Ángela Cuenú Sánchez.

Antes de convertirse en una de las parteras más reconocidas del municipio de Florida, en el Valle del Cauca, fue una niña de 13 años que esperaba con entusiasmo el llamado de Inocencia Carabalí, una matrona de la vereda Yantín, en Guapi, Cauca, que la llevó por largos caminos para enseñarle cómo se trae un niño al mundo.

Para entonces, llegar a un hospital no era una opción sencilla. Desde Yantín había que navegar durante horas por los ríos del Pacífico en motores de popa para alcanzar la cabecera municipal. En muchas comunidades afrodescendientes de la región, las parteras eran el primer y, en ocasiones, el único apoyo para las mujeres embarazadas. Eran quienes conocían los tiempos de la gestación, las posiciones del bebé, los cuidados durante el embarazo y las señales que indicaban cuándo una vida corría peligro.

María Ángela aprendió ese oficio recorriendo esteros y ríos, escuchando consejos y observando con atención cada movimiento de su maestra. Recuerda regresar del colegio y salir nuevamente, muchas veces de madrugada, para acompañar a Inocencia Carabalí a atender partos. Algunas semanas podían asistir hasta diez u once nacimientos.

“Yo salía de estudiar y me iba con ella. A veces nos llamaban de noche o de madrugada, y allá íbamos. Así fue como aprendí, mirando, escuchando y haciendo”, recuerda.

Sin saberlo, estaba heredando un conocimiento que durante siglos permitió a las comunidades afro del Pacífico enfrentar la ausencia de servicios médicos cercanos y garantizar la llegada segura de nuevas generaciones.

Aquellos saberes no son un asunto menor. En 2017, los conocimientos asociados a la partería afro del Pacífico colombiano fueron incluidos en la Lista Representativa de Patrimonio Cultural Inmaterial de Colombia, un reconocimiento a prácticas que trascienden la atención del parto e incluyen cuidados durante el embarazo, el posparto, la

transmisión oral de conocimientos y formas propias de comprender la salud y la vida comunitaria.

Años después, en 2023, la UNESCO declaró la partería Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, destacando su aporte al bienestar materno, neonatal y comunitario en distintas regiones del mundo.

Desde su casa en Florida, Valle, María Ángela recuerda esos años con una mezcla de nostalgia y orgullo. Hoy, una discapacidad visual limita su trabajo, pero no su convicción de que la partería sigue siendo mucho más que una práctica de salud.

“Esto no es solo recibir un bebé. Uno acompaña a la mamá, la aconseja, la cuida. La partería es un servicio a la comunidad y una herencia que no debería perderse”, afirma.

Su mayor preocupación es que cada vez son menos las personas interesadas en aprender. El conocimiento que recibió de sus mayores sigue vivo en su memoria, pero teme que algún día no haya quién continúe el camino.

“Nosotras aprendimos porque alguien nos enseñó. Ahora necesitamos que los jóvenes quieran escuchar y aprender. Si esos saberes se pierden, se pierde también una parte de nuestra historia”, dice.

Mientras habla, la voz de María Ángela parece regresar por momentos a los ríos de Guapi, a las largas jornadas en lancha y a las noches en las que una comunidad entera confiaba en las manos de una partera. Allí entendió que cada nacimiento era mucho más que la llegada de un niño, era también la continuidad de una tradición construida durante décadas.

Y aunque el tiempo haya cambiado las formas de atender la vida, ella sigue convencida de que la partería conserva un valor que trasciende cualquier época. En cada consejo, en cada remedio tradicional y en cada historia transmitida de boca en boca permanece una parte fundamental de la memoria colectiva en el territorio.

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