Museo Dr. José Jacinto Manrique, memoria viva de Villa del Rosario
En el barrio Fátima, en una de esas calles donde el tiempo parece avanzar más lento, una casa de puertas abiertas guarda la memoria de todo un municipio.
Allí, en Villa del Rosario, funciona el Museo Doctor José Jacinto Manrique, un espacio cultural que durante 25 años ha reunido historias, objetos y recuerdos que narran la vida cotidiana de este territorio fronterizo.
Al ingresar, el sonido del exterior se diluye entre vitrinas y estanterías. El aire huele a madera antigua y a papel guardado durante décadas.
En una esquina reposan cántaras lecheras que recuerdan la vida campesina, mientras que sobre una mesa descansa una máquina de escribir que alguna vez fue testigo de cartas, documentos y noticias.
Más adelante, una plancha de carbón parece conservar aún la memoria del calor de los hogares antiguos, y a su lado, cámaras fotográficas que capturaron los primeros retratos familiares de generaciones rosarienses.
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Son más de 200 objetos los que hacen parte de esta colección, cada uno con una historia distinta. Para Jesús García, fundador del Museo Doctor José Jacinto Manrique, estos elementos no son solo piezas antiguas, sino fragmentos de vida.
Mientras camina entre los pasillos, se detiene frente a una galería fotográfica que ocupa una de las paredes principales. Allí, cuidadosamente organizadas, aparecen imágenes del antiguo ferrocarril que cruzaba el municipio, fotografías del Templo Histórico de Villa del Rosario y retratos de personajes que marcaron la historia local.
Cada fotografía despierta una anécdota. Cada objeto, una historia que parece reconstruir el pasado de Villa del Rosario, un territorio donde nació parte fundamental de la historia del país.
Fue allí, en 1821, donde se instaló el primer Congreso de la República y se redactó la Constitución de la Gran Colombia, un hecho que convirtió al municipio en un lugar donde, como dicen sus habitantes, “todo comenzó”.
Esa herencia histórica se siente en cada rincón del museo, donde la memoria no solo habla del pasado cotidiano, sino también de los momentos que marcaron el rumbo de la nación.
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Ubicado además en una región fronteriza, el municipio ha sido testigo de intercambios culturales, económicos y sociales que han moldeado su identidad.
Las dinámicas propias de la frontera con Venezuela también han dejado huellas en la historia local: familias binacionales, tradiciones compartidas, acentos mezclados y relatos que cruzan el río y las carreteras. Todo ello se refleja en los objetos, fotografías y relatos que hoy reposan en el museo.
La voz de Jesús García se llena de emoción al hablar del museo que fundó en 2001, inspirado en el legado del reconocido médico rosariense José Jacinto Manrique, cuyo nombre hoy identifica este espacio cultural que ha crecido con el paso de los años.
Desde entonces, la iniciativa se ha convertido en un lugar donde estudiantes, investigadores, turistas y habitantes del municipio encuentran una oportunidad para conocer y reconectar con su historia.
Pero la memoria no solo se conserva entre vitrinas. También se cuenta a través de la palabra. Hace más de una década, este mismo espíritu dio origen al programa El Rosario y su Historia, un espacio que comenzó en la radio tradicional y que hoy se transmite cada sábado a través de redes sociales.
Allí, Jesús García y su hija, Daniel García, conversan sobre mitos, tradiciones, gastronomía y acontecimientos que han marcado la identidad del municipio.
El programa, al igual que el museo, se ha convertido en un puente entre generaciones. Personas mayores comparten recuerdos, mientras los más jóvenes descubren historias que no conocían.
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Así, la memoria oral también encuentra un espacio para permanecer viva, permitiendo que los relatos que antes se contaban en las salas de las casas ahora lleguen a más personas.
En medio del recorrido, la historia se mezcla con el presente. Desde otra habitación se escuchan acordes musicales. Son jóvenes del semillero artístico que ensayan bajo la guía del formador cultural Luis Rangel.
Entre guitarras, voces y risas, el museo deja de ser solo un lugar de objetos antiguos para convertirse en un espacio de formación y encuentro. Para Luis Rangel, este proceso es una apuesta por el futuro.
Allí, los niños y jóvenes no solo aprenden música, también se acercan a la historia del municipio y fortalecen su identidad cultural.
El semillero musical se ha convertido en uno de los procesos más significativos del museo, sumando nuevas voces a la construcción cultural del territorio.
Así, entre fotografías, instrumentos musicales y relatos familiares, el Museo Doctor José Jacinto Manrique se consolida como un espacio donde el pasado dialoga con el presente.
Un lugar donde la memoria no se guarda en silencio, sino que se comparte, se canta y se transforma. Han pasado 25 años desde que este museo abrió sus puertas en el barrio Fátima.
Sin embargo, cada día siguen llegando nuevas historias, nuevos objetos y nuevas generaciones dispuestas a escuchar. En esta casa de memoria, la historia de Villa del Rosario no solo se recuerda: continúa escribiéndose, en una frontera donde el pasado sigue marcando el camino del presente.
Y es que preservar estos espacios va más allá de conservar objetos antiguos. Significa resguardar la identidad de un territorio, mantener vivas las voces de quienes lo han construido y ofrecer a las nuevas generaciones un lugar para reconocerse en su historia.
En municipios con profundas raíces históricas y dinámicas fronterizas cambiantes, como Villa del Rosario, estos escenarios culturales se convierten en refugios de memoria colectiva, donde la tradición encuentra continuidad y el patrimonio adquiere sentido.
Porque en cada fotografía, en cada objeto y en cada nota musical que resuena en este museo, se reafirma una verdad silenciosa: los pueblos que conservan su memoria fortalecen su identidad.
Y en el barrio Fátima, este pequeño museo sigue cumpliendo esa tarea, recordando que la historia no solo pertenece al pasado, sino que también es una herramienta para comprender el presente y construir el futuro.
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