La antioqueña pintó mujeres desnudas y a políticos como sapos. Su audacia la catalogó como una de las gestoras de la revolución estética del arte en Colombia.
Verdaderas obras de arte dan cuenta de esta técnica con más de 300 años de antigüedad entre los orfebres de ‘La Tierra de Dios’ para diseñar joyas que se roban las miradas.