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Día del Maestro: historias de vocación que transforman vidas en los territorios

En el Día del Maestro, conocemos historias de profesores que, con vocación, esfuerzo y compromiso, transforman generaciones y llevan esperanza a sus comunidades.
Diana Milena Ríos

Hoy, 15 de mayo, en el Día del Maestro, nos trasladamos a Ituango, un territorio golpeado por la violencia durante décadas, pero que cada día lucha por salir adelante. Allí nacen historias que se construyen desde las aulas con vocación, esfuerzo y compromiso. Hablar de los profesores también implica conocer los caminos de vida que los llevaron a asumir la importante labor de educar y transformar generaciones.

“Lo más gratificante de ser profesora, y hago un comparativo entre lo urbano y lo rural, es que estoy enamorada de la zona rural; soy una defensora de la ruralidad. No tiene precio que una comunidad te valore, te respete y se encariñe con lo que uno hace”, narra Catalina Rodríguez, quien se desempeña como docente en el municipio.

Aunque no es oriunda de Ituango, enseñar allí la llena de alegría, pues asegura haber encontrado una nueva familia. Para ella, trabajar por la igualdad, la inclusión y el fortalecimiento de las comunidades rurales es indispensable. Además, acompañar los procesos de los jóvenes en temas deportivos y culturales, y darles visibilidad, es una manera de fortalecer sus culturas y tradiciones.


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“Este desafío de llegar al municipio de Ituango fue extremadamente difícil, porque yo no había salido a más de dos horas de mi casa en Medellín. Venir a un municipio a 230 kilómetros de distancia no fue fácil. Dejar a mis hijos y que mi esposo me esperara un mes y medio para volver a casa tampoco lo fue. Pero llegar a una comunidad que le abre las puertas de su hogar a uno y lo trata con tanto cariño, eso no tiene precio, es invaluable”, señala Catalina.

La profesora ha demostrado que la educación es mucho más que enseñar: es un acto de amor, entrega y respeto por las raíces ancestrales. Para ella, esta labor es una de las más importantes, por eso espera seguir transmitiendo sus conocimientos durante muchos años más.

A esta historia se suma la de Néstor Daniel Úsuga Rengifo, hijo de Ituango, como suele decir en cada escenario. Lleva 20 años dedicado a la docencia y, durante ese tiempo, ha vivido experiencias tanto felices como difíciles.

“Como profesor de Ituango, lo más difícil muchas veces es ver partir estudiantes muy jóvenes que, por distintas circunstancias, tienen que abandonar este plano terrenal antes que uno. Duele porque eran chicos con proyectos de vida, metas, sueños e ilusiones por alcanzar. También impacta ver las necesidades que existen dentro de los contextos escolares y en las aulas de clase; eso toca profundamente a quien tiene sensibilidad”, cuenta Néstor Úsuga.

Los profesores se enfrentan diariamente a retos como captar la atención de sus estudiantes, crear herramientas pedagógicas innovadoras y adaptarse a las diferentes realidades sociales y emocionales de niños, niñas y jóvenes, con el propósito de garantizar una educación más dinámica, incluyente y de calidad. En medio de esa labor también quedan las anécdotas, aquellas que les recuerdan que han cumplido con su deber y han dejado huella en la vida de sus estudiantes.


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“Bueno, anécdotas hay cientos dentro de los contextos escolares. En 20 años de servicio uno reúne un gran anecdotario, pero algo que enternece es ver cómo estos chicos forman familias, cómo uno termina convirtiéndose en un profesor abuelo. Ver que le presentan a sus hijos y le dicen: ‘Profe, vea, este es mi hijo o mi hija’. También emociona ver cómo muchos se convierten en profesionales y cómo las conversaciones pasan a otro nivel. Saber que hoy están aportando socialmente a Colombia desde diferentes perspectivas me llena el corazón de alegría. Creo que eso es lo más importante de ser educador; por eso es un trabajo tan bonito y tan difícil de abandonar, porque uno siente que está ayudando a transformar vidas”, puntualiza Úsuga.

Con la siguiente rima, el profesor Néstor resalta la labor que desempeña cada día en Ituango:

“Para todos los docentes, les deseo en este día,
para que vuelvan al aula con paz, amor y armonía,
que todos los estudiantes entiendan que, con empeño,
se pueden lograr las metas y conquistar esos sueños”.

En territorios marcados por la violencia, los profesores se han convertido en símbolos de esperanza y transformación, llevando conocimiento, acompañamiento y oportunidades a generaciones que encuentran en la educación una herramienta para construir un futuro diferente y en paz.

 
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