Desde las primeras horas posteriores al terremoto de magnitud 7,4, ocurrido el pasado 10 de agosto, organismos de socorro, bomberos, integrantes del Ejército Nacional, Fuerza Pública, voluntarios y rescatistas provenientes de diferentes regiones del país se unieron a las labores de búsqueda y rescate.
De acuerdo con el balance entregado por la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD), al 9 de septiembre de 2026, la emergencia dejó 331 personas fallecidas, 4.505 heridas y 364 personas rescatadas con vida.
Detrás de estas cifras hay nombres, familias, historias y vidas que cambiaron para siempre. También están quienes, entre el polvo, el silencio y los escombros, encontraron una razón para seguir adelante.
Estas son algunas de las historias que dejaron los días posteriores al terremoto.
El vínculo que unió aún más a Mateo y a su madre Marta

Entre las historias de supervivencia está la de Mateo Reyes, comunicador social de aproximadamente 30 años, quien quedó atrapado entre los escombros junto a su madre, Marta Serna, lingüista de 66 años.
La fuerza del terremoto hizo que el apartamento donde vivían colapsara, dejándolos atrapados en un espacio reducido. Marta quedó cubierta por una pared que, de manera inesperada, dejó un pequeño espacio que le permitió respirar, conocido como el triángulo de la vida. Mateo, por su parte, quedó atrapado bajo varias estructuras, una de ellas sobre su cuello, lo que dificultó su respiración.
En medio de la angustia y sin saber cuánto tiempo tendrían que esperar para ser encontrados, madre e hijo llegaron a pensar que aquel podía ser su último momento juntos. Por eso, se dijeron palabras de despedida y expresaron sentimientos de amor, gratitud y felicidad por haber compartido sus vidas.
Pero la historia no terminó allí.
Cerca del lugar se encontraba un grupo de bomberos que habían presenciado el colapso. Mientras avanzaban entre los escombros, escucharon las voces de Mateo y Marta, quienes seguían esperando que alguien los encontrara.
El rescate les permitió la posibilidad de continuar juntos.
También puedes leer: El sector cultural renace: festivales aplazados por el terremoto cuentan con nuevas fechas
El milagro de Diana Marcela, rescatada con vida tras 30 horas

Entre aplausos, gritos de alegría y palabras de agradecimiento, los organismos de socorro lograron rescatar con vida a Diana Marcela Troncoso Escobar, médica de profesión, quien permaneció atrapada bajo los escombros del edificio Torres del Limonar, en el barrio Capri, en Cali.
Cuando ocurrió el colapso, el celular de Diana quedó cerca de ella. La luz del dispositivo permitió que los rescatistas identificaran que había una persona atrapada en ese lugar. Esa pequeña luz terminó convirtiéndose en una señal que orientó el camino hacia su rescate.
Durante las largas horas de espera, Diana logró comunicarse con sus padres y otros familiares. Sus voces se convirtieron en una compañía fundamental para mantenerla con esperanza mientras los rescatistas trabajaban para llegar hasta ella. Permaneció consciente durante todo el tiempo y logró recibir agua mientras avanzaban las labores de rescate.
En medio de la oscuridad, oró y pidió a Dios una nueva oportunidad para volver a ver el sol, y esa oportunidad llegó.
Para ella y su familia, sobrevivir significó volver a empezar. Después de horas de incertidumbre, la vida les concedió la oportunidad de reencontrarse y mirar nuevamente hacia adelante.
Sofía, una espera que terminó en un abrazo
Entre las historias que conmovieron a quienes participaron en las labores de rescate está la de Sofía, una niña de tres años que permaneció atrapada durante más de seis horas junto a su madre, Estefanía, luego del colapso de la Unidad Residencial Guaraní, en el sector El Refugio, en Cali.
Ese mismo día, los integrantes del Cuerpo de Bomberos de Cali lograron ubicar el lugar donde se encontraban la niña y su madre. Ambas permanecían atrapadas en un espacio reducido entre los escombros.
El rescate exigió paciencia, cuidado y precisión. Primero lograron llegar hasta Sofía, quien se encontraba inmóvil. Mientras los rescatistas continuaban trabajando, la esperanza de sacar a Estefanía con vida permanecía intacta. La madre tenía estructuras sobre su cuerpo y necesitaba ser estabilizada y recibir oxígeno.
También puedes leer: Colombia se levanta con la solidaridad de quienes decidieron ayudar
Finalmente, las dos fueron rescatadas… El momento estuvo acompañado por la emoción de quienes habían trabajado durante horas para volver a escuchar a Sofía y ponerlas a salvo. Para su familia, aquel día quedó marcado por el miedo, pero también por una profunda gratitud hacia las personas que no dejaron de buscar.
Ana María Saavedra y su familia

En el barrio Cuarto de Legua, en Cali, el colapso de un edificio dejó a Ana María Saavedra, de 23 años, como la única sobreviviente de su familia. Sus padres y sus dos hermanas trillizas perdieron la vida en la emergencia.
Ana María logró ser rescatada con vida después de que una puerta del apartamento cayera sobre ella. La estructura terminó protegiéndola de parte de los escombros y sus gritos permitieron que los vecinos acudieran rápidamente en su ayuda.
Su historia también habla de los vínculos que deja la vida. De acuerdo con los relatos de sus familiares, Ana María y sus hermanas eran inseparables. Compartían una relación tan cercana que incluso decidieron estudiar la misma carrera para permanecer juntas durante su etapa universitaria.
Por eso, un mes después de la emergencia, Ana María continúa recuperándose y reconstruyendo su vida. Su historia recuerda que sobrevivir también puede ser un proceso largo. Que después del rescate vienen otros días, otras preguntas y la necesidad de encontrar nuevas razones para seguir adelante.
Es así como cada rescate dejó una imagen distinta, una voz que logró ser escuchada, una luz que sirvió como señal, una niña que volvió a los brazos de su madre o una persona que, pese a haberlo perdido casi todo, continúa resiliente.
Las historias de Mateo y Marta, Diana, Sofía y Ana María no borran el dolor causado por el terremoto. Tampoco desconocen a quienes perdieron la vida o las dificultades que todavía enfrentan miles de familias. Pero sí muestran que, incluso en los momentos más difíciles, la solidaridad puede abrir nuevos caminos.
Porque después de una tragedia no solo quedan escombros. También quedan historias de quienes sobrevivieron, manos que ayudaron, familias que se sostuvieron y personas que, paso a paso, comienzan a reconstruir sus vidas.