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Colombia no ha avanzado en respetar los derechos de género: Martín Montana

Por: Richar Hernández 

Hoy se celebra en varios países del mundo el Día Internacional del Orgullo LGBT (lesbianas, gays, bisexuales y transexuales).  Se conmemoran los disturbios generados el 28 de junio de 1969 en Stonewall Inn, un bar gay situado en el barrio neoyorquino de Greenwich Village. Aquella noche se presentó una redada policial en dicho lugar y los clientes se enfrentaron con las autoridades por los constantes abusos de la policía.

Un mes después de aquellos motines, unas 500 personas se reunieron por primera vez en el parque Washington Square (a pocas cuadras del mítico bar) para protestar de manera pacífica y después marchar hasta la plaza de Sheridan. Fue el inicio de la lucha por los derechos del colectivo LGBT.

Muchas cosas han cambiado en el mundo desde esa fecha. En el país se han logrado algunos avances en el tema: matrimonio igualitario, el cambio de sexo en la cédula, adopción de parejas del mismo sexo, los mismos derechos patrimoniales para las parejas homosexuales, entre otros.

Sin embargo, esta diversidad sexual y de género sigue siendo estigmatizada, acosada y criminalizada por parte de las leyes y las autoridades. Hace un mes en Bogotá ‘Alejandra Monocuco’, una trabajadora sexual trans del barrio Santa Fe, murió después de que, al parecer cuando supieron que tenía VIH, autoridades de la salud se negaron a transportarla en una ambulancia.

En Colombia han surgido algunos colectivos y asociaciones que denuncian un desconocimiento de las reivindicaciones y los derechos de estas organizaciones. Para ellos, esta fecha se ha convertido en una marcha mercantilista y se ha alejado del propósito histórico con el que nació.

Radio Nacional de Colombia conversó con tres estudiantes de la licenciatura en educación comunitaria con énfasis en derechos humanos de la Universidad Pedagógica Nacional. Ellos pertenecen a colectivos que luchan por la reivindicación y la visibilización de sus derechos sexuales y de género.

Ammarantha Wass es una activista, trans, feminista e invidente. Actualmente es vocera de la organización “Cuerpos en resistencia” desde donde promueve la lucha de los derechos para poblaciones disidentes corporales, sexuales y de género.

“Desde esta organización hemos hecho un trabajo que va en doble vía. Por un lado, el de dignificar las existencias de estos cuerpos, de estas identidades, y por el otro, estamos reivindicado el ejercicio del trabajo sexual, que es diferente a la explotación sexual y a la trata de personas. Estamos exigiendo una regulación para que haya unas condiciones dignas en este ejercicio”, comenta.

Como la mayoría de grupos poblacionales, la lucha del colectivo que lidera Wass ha sido por el reconocimiento, por el derecho a la existencia, para que no las agredan y para que haya unos mínimos de convivencia social.

“Estamos en una sociedad en donde se está despersonalizando a la otra persona y por eso se valida la violencia que ejerce la Fuerza Pública y la misma sociedad civil. El problema es creer que hay unos grupos acá y otros allá. Así que tenemos naturalizada la violencia. Imagínate cómo será para una trans, ciega, como yo, que es desconocida para la gente y que el perfilamiento policivo dice que es peligrosa porque asusta a los cristianos”, comenta.

El colectivo ‘Cuerpos en resistencia’ acompaña las iniciativas de la “Red comunitaria trans” y otras organizaciones del barrio Santa Fe, la zona de tolerancia en Bogotá. Desde allí, en los últimos años han estado posicionando el ‘Yo marcho Trans’, una apuesta al igual que ‘La furia travesti’ para visibilizar los temas trans.

“Nosotros participamos el 28 de junio en esa marcha porque tenemos claridad de que el orgullo debería llevar otras apuestas juntas. Porque a la gente se le olvida que más allá de un carnaval de colores, continuamos bajo sus mismos cánones machistas y opresores: el tratamiento en la calle sigue siendo el mismo con las demás poblaciones (…) Nosotros respetamos todas las manifestaciones artísticas performances, pero vamos más por una apuesta política y algo disidente”, argumenta Wass.

Edith Rojas, de 24 años de edad, más conocida como “Profe raritx”, es una persona no binaria de género fluido (no se identifica dentro de la categoría femenina o masculina) que trabaja en la ‘Organización Movilización Social por la Educación’, en la línea de género y disidencias sexuales.

“Considero que las identidades no binarias también han tenido una construcción histórica, que han estado supremamente invisibilizadas dentro de las luchas LGBT. Creo que por eso también han venido emergiendo otros lugares desde donde enunciarse o desde donde construirse”, asegura.

A través de su trabajo, Edith también se ha unido con la organización ‘Garras de acero’, la cual está integrada por trabajadoras sexuales de la plaza La Mariposa, en el sector de San Victorino.

“Como lo dice la profesora Valeria Flórez: “la diversidad parece a veces ser un paraguas donde caben ciertos cuerpos, pero no todos.” Creemos en las alianzas con esos otros cuerpos como los de las trabajadoras sexuales, que también viven la marginalidad y una cantidad de violencias. En ese sentido, también nos articulamos en la lucha por nuestros cuerpos y, sobre todo, por decidir sobre nuestra sexualidad”, afirma.  

Edith considera que su identidad parte de cuestionar el sistema binario, el cual enseña como única posibilidad de existencia el ser hombre o ser mujer dejando otras opciones al margen.

“Personalmente y desde mi lugar político, no me interesa que la sigla LGBTi nos incluya. Por eso también hemos intentado construir otros lugares de enunciación y, si se quiere, hablamos desde las disidencias sexuales y de género, o desde el ser marica, arepera y travesti. Creemos que lo de LGBTI también tiene un entramado clasista, racista y transfóbico con implicaciones históricas y políticas”, dice Rojas.

Cada 28 de junio, Edith y sus amigas participan en el también llamado Día del Orgullo Gay, pero lo hacen más por el sentido histórico que tiene esta fecha, ya que les recuerda que sus luchas van más allá del matrimonio igualitario y de la adopción gay.

“Hemos participado en estas marchas con otros cuerpos: el de las mujeres trans, de trabajadoras sexuales, el de las disidencias sexuales y el de género, que no cumplimos con los estándares de belleza y que, muchas veces, es el único lugar posible en las marchas. Vemos también que nuestras marchas se han venido comercializando y eso tiene unas implicaciones políticas como la mercantilización de nuestras luchas”, dice Edith.

‘Martín Montana’ (nombre artístico) es una persona gay de 35 años de edad, quien fue miembro de la ‘Corporación las callejeras’, que luchaba en favor del derecho de las trabajadoras y trabajadores sexuales, de consumidores de spa (sustancias psicoactivas) y de ciudadanos habitantes de calle, amparados por las sentencias de la Corte constitucional, en favor de estos grupos.

“Visibilicé mi ejercicio en el trabajo sexual como persona gay que soy. En medio de la homofobia reconocí mi reivindicación en dos luchas: La primera: visibilización como hombre gay, y la segunda: como trabajador sexual, para sentirme liberado de todo estigma, de toda dinámica de exclusión y marginalización en cualquier ámbito social”, recuerda Martín Montaña.

Martin reconoce que Colombia goza, “así sea en el papel”, de una constitución política la cual asegura el libre desarrollo de la personalidad y la libertad de expresión. Por eso considera que no existe razón alguna por la que tenga que ser violentado y estigmatizado por su orientación sexual y por su trabajo.

Montana también trabajó con la organización ‘Calle siete’ que buscaba alternativas de ingreso para el colectivo, y además en la capacitación en derechos humanos y mecanismos de acceso a la justicia con participación ciudadana.

“El principal motivo por los que nacen estos colectivos, es por la ausencia del estado. A pesar de que hay sentencias que reconocen y reivindican a las trabajadoras sexuales como personas integrantes de un gremio laboral y que enfatizan en que dichas personas gozan de los mismos derechos que cualquier otro trabajador, esas sentencias en la práctica no se cumplen”, señala.

Para Martín, Colombia definitivamente es un país que no ha avanzado en respetar esos derechos sexuales y de género, porque existe una estigmatización histórica y una gran ignorancia por parte de la sociedad sobre este tema. Además de utilizar diferentes tipos de violencia contra estos colectivos.

“De cada 10 personas que uno pueda encontrar, 8 no están familiarizadas con el tema. Fuera de eso también tenemos el conflicto que se presenta dentro de la misma comunidad LGBT, porque, en el momento cuando se empezó a reivindicar con fines mercantilistas los derechos de lesbianas y bisexuales, se fueron por la opción unilateral del mercantilismo y por adoptar ciertas normas cisgénero y patriarcales”, dice él.

Para los entrevistados el hecho de que Claudia López haya llegado a la Alcaldía Mayor de Bogotá tiene cierta importancia en un país homofóbico y lesbofóbico, donde aún hay mucha población machista. Sin embargo, no creen que por ser lesbiana vaya a cumplir las propuestas de estos colectivos y consideran que la garantía política no está ahí.

“No entiendo como la alcaldesa no haya entendido el peligro que representaba el decretar el pico y género en Bogotá, una ciudad en donde predomina la falta de cultura, de tacto y con tantos prejuicios por parte de la Fuerza Pública y la población en general. Todo va en contra del respeto por lo que significa ser una chica trans, una persona de género fluido o una persona no binaria. Ella desconoció todos los casos de violencia que se presentaron durante ese decreto vigente”, dicen ellos.