Mientras millones de personas siguen las emociones de una nueva Copa del Mundo, en Santa Marta persiste un recuerdo que va más allá de los resultados y las estadísticas. Es la historia de Jorge Bolaño, el futbolista samario que cumplió el sueño de vestir la camiseta de la Selección Colombia en el Mundial de Francia 1998 y que, a un año de su fallecimiento, sigue siendo motivo de orgullo para su familia, su barrio y toda una ciudad.
Detrás de cada jugador que alcanza la élite del fútbol existe una red de afectos, sacrificios y acompañamiento silencioso. En el caso de ‘Bolañito’, ese respaldo estuvo siempre presente en su hogar y en las calles de Pescaíto, el tradicional barrio samario que ha visto nacer a varias de las figuras más importantes del fútbol colombiano.
Para su hermano, Óscar Bolaño, la convocatoria de Jorge al Mundial representó la materialización de un sueño construido desde la infancia.
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“Para nuestra familia fue algo de mucha satisfacción. Jorge alcanzó ese objetivo que tiene todo futbolista: representar a Colombia en un Mundial de mayores. Ya había estado en selecciones juveniles, pero llegar a una Copa del Mundo era lo máximo. Fue una alegría para todos, para Pescaíto, para Santa Marta y para todos los entrenadores que hicieron parte de su formación”, recuerda.
La participación del gran volante samario en Francia 98 no solo fue celebrada dentro de su familia. También fue vivida intensamente por toda una comunidad que se identificaba con aquel joven surgido de la cancha La Castellana de Pescaíto y convertido en figura internacional tras su paso por el Junior de Barranquilla y posteriormente por el fútbol italiano.
Durante los partidos del Mundial, las calles de Pescaíto se transformaban en un escenario de encuentro colectivo. Los vecinos sacaban televisores a la calle para acompañar a los dos hijos ilustres del barrio que integraban aquella selección: Carlos ‘El Pibe’ Valderrama y Jorge Bolaño.
“Todo el barrio estaba en las calles disfrutando de esos partidos importantes. Imagínate, estaban dos hijos de Pescaíto en un Mundial. Solamente hay dos o tres cuadras de distancia entre nuestra casa y la del ‘Pibe’. Había una emoción enorme porque sentíamos que ellos nos estaban representando a todos”, relata Óscar.
La historia futbolística también estaba presente en el seno familiar. Óscar Bolaño padre fue futbolista profesional y vistió la camiseta de la Selección Colombia, experiencia que alimentó el sueño de las nuevas generaciones de la familia.
“Mi papá fue jugador de Selección Colombia y subcampeón de Copa América. Siempre crecimos escuchando esas historias. Claro que uno soñaba con estar ahí, pero que Jorge lo lograra fue motivo de orgullo para todos”, afirma.
Ese sentimiento de pertenencia y unidad sigue siendo una de las características que más destaca la familia del exmediocampista samario.
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“El respaldo de los samarios siempre ha sido importante. El fútbol une a la gente y nosotros vivimos todo eso con mucha emoción. Independientemente del apellido, si era ‘El Pibe’, Aldo Leao Ramírez o David Ferreira, cuando un samario triunfa, toda la ciudad se siente representada”, señala.
Sin embargo, el recuerdo de Francia 98 adquiere hoy una dimensión más profunda. Hace un año, la noticia del fallecimiento de Jorge Bolaño conmocionó al fútbol colombiano y especialmente a Santa Marta, donde su legado permanece intacto.
Para sus familiares, la ausencia sigue siendo difícil, especialmente en momentos como los que despierta una Copa del Mundo.
“Es triste que Jorge no esté. Se perdió muchas cosas que seguramente habría disfrutado, como ver al Junior dos veces campeón y seguir acompañando a la Selección Colombia. Pero esa es la vida. Lo importante es no olvidarlo. Fue uno de los pocos samarios que disputó un Mundial y eso nadie lo podrá borrar”, expresa su hermano.
Hoy, cuando el fútbol vuelve a reunir a millones de personas alrededor del planeta, la historia de Jorge Bolaño recuerda que los mundiales también se juegan lejos de los estadios. Se juegan en las casas, en los barrios, en las familias que celebran cada logro como propio y que convierten el orgullo en una herencia que trasciende generaciones.
A un año de su partida, Santa Marta sigue recordando a Jorge Bolaño no solo como uno de sus futbolistas más ilustres, sino como el hijo de Pescaíto que llegó a la élite del fútbol mundial y convirtió el sueño de todo un barrio en una realidad inolvidable.