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Informe Final de la Comisión de la Verdad: entre la esperanza y la incertidumbre de las víctimas

Algunas víctimas del conflicto sostienen que este documento es fundamental para la reconciliación. Otras estiman que todavía hay preguntas por responder.
Informe Final de la Comisión de la Verdad: qué dicen las víctimas
Paz
Rosember Anaya

Lucy Sosa es una de las 9.294.225 personas que aparecen como víctimas del conflicto armado en Colombia (cifras de la Unidad de Víctimas). Ella es oriunda de Tiquisio, municipio del sur de Bolívar que en 1998 comenzó a vivir un calvario cuando los paramilitares hicieron que huyera de su pueblo natal.

Pese al temor, Lucy regresó a Tiquisio, pero en 2001 volvió a vivir otro trágico episodio de desplazamiento que la hizo alejar por completo de su pueblo. Primero se radicó por un periodo corto en Magangué y luego partió a Cartagena en donde encontró un lugar para seguir viviendo. Con la amargura y el dolor de haber dejado su pueblo, comenzó a reconstruir su vida y a sanar poco a poco las heridas que le dejó el conflicto.

La esperanza para ella tiene nombre propio y se llama Comisión de la Verdad. A finales de 2018 Lucy comenzó a entender para qué servía este organismo y, un año más tarde, tuvo un contacto más cercano con esta entidad del Estado que nació en el marco del Acuerdo de paz y busca el esclarecimiento de la verdad, la convivencia y la no repetición. Dos décadas después de haber abandonado Tiquisio, ella sabe que se trata de un mecanismo de carácter temporal y extrajudicial del Sistema Integral de Verdad, Justicia, Reparación y no Repetición.

Lucy agradece haber conocido a la Comisión de la Verdad y lo dice con seguridad: “Para nosotros, las víctimas, la creación de la Comisión fue una forma de sanar, porque no habíamos tenido ese espacio de expresar lo que sentíamos. La verdad es que fue un proceso de sanación”.

Por su parte, Ana Perea, es una de las 4.668.712 mujeres que aparecen en el registro como víctimas del conflicto armado. Al igual que Lucy Sosa, ella es víctima de desplazamiento forzado. Su interés con relación al Informe final entregado por la Comisión de la Verdad es muy alto y espera que solo se cuente la verdad de los hechos.

“La expectativa con el informe es poder saber la verdad, seguir escuchando en diferentes espacios a los actores del conflicto armado. Y que el Gobierno también trabaje unas estrategias para que las víctimas podamos seguir con esas garantías de derechos, de protección y garantías de no repetición”, asegura esta mujer nacida en Medellín.

Muchos colombianos afectados por el conflicto valoran la labor emprendida por la Comisión de la Verdad en más de tres años de funcionamiento. Sin embargo, para otras víctimas “no se ha avanzado mucho”.

“Nosotros tenemos muchos sinsabores con respecto a esa labor que ha venido realizando la Comisión de la Verdad ya que no hay esclarecimiento total para nosotras las víctimas”, asegura Rosa Duarte, otra colombiana afectada por la confrontación. Esta mujer que vive en Talaigua Nuevo, Bolívar, sigue “esperando respuesta a algunos casos de familiares y realmente no vemos ese avance significativo. Ese es mi sentir y sé que es el sentir de las víctimas que represento”.

Aunque la labor de la Comisión de la Verdad debe terminar por razones legales, hay víctimas para quienes entidades como esta no deberían desaparecer. “Esta labor no se debe acabar porque, a pesar de haber sido muy corta, para muchas víctimas fue muy sustanciosa”, manifiesta María Margarita Flores Pineda, oriunda de Sincelejo y víctima de ‘falsos positivos’. Su opinión es concluyente: “Nosotros llevábamos catorce años sin un apoyo y sin acompañamiento, pero ahora, es sanador conocer la verdad”.

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