En Fonseca, La Guajira, regresar tiene un significado distinto. Aquí el retorno no es solamente volver a pisar una calle conocida, saludar a un viejo amigo o sentarse nuevamente frente a la casa donde alguna vez transcurrió la infancia. Aquí regresar es reencontrarse con la memoria, con la música, con la familia y con una identidad que parece despertar cada vez que llega el mes de agosto.
Por estos días Fonseca está viviendo precisamente eso. La tierra de cantores está de fiesta con la edición número 52 del Festival del Retorno, una celebración que desde el 27 y hasta el 30 de agosto reúne a propios, visitantes y, especialmente, a aquellos fonsequeros que regresan después de estar lejos.
Basta caminar por sus calles para entender que el Festival no cabe solamente en una tarima. Está en el movimiento de las familias que reciben a quienes llegan, está en los encuentros inesperados en una esquina, en las conversaciones que comienzan con un “¿y tú cuándo llegaste?”, en quienes desempolvan recuerdos y vuelven a encontrarse con la tierra que los vio nacer. Porque el Festival del Retorno nació justamente de esa necesidad de volver.
Más de medio siglo de tradición
La música, por supuesto, ocupa un lugar central. En una tierra reconocida por su tradición vallenata, el Festival se convierte en un gran escenario para encontrarse con las voces, los acordeones y las historias que hacen parte de la memoria musical de Fonseca y de La Guajira.
Son los concursos folclóricos, una de las expresiones que le dan identidad al Festival y que permiten que cada año nuevos talentos lleguen a Fonseca a demostrar lo que saben hacer.
Está el concurso de acordeón, con categorías profesional, aficionado, infantil y de mujeres, cuya versión se estrena este año; está la canción inédita, tanto en su categoría comercial como en la dedicada a Fonseca; y está la piquería, en sus categorías profesional e infantil.
Además, la edición 52 llega con una programación artística que mantiene al vallenato como uno de sus grandes protagonistas y que tiene entre sus invitados a artistas como Elder Dayán y Ana del Castillo. Pero reducir el Festival a los conciertos sería contar solamente una parte de la historia. Porque mientras en las noches la música convoca multitudes, durante el día la tradición también tiene su espacio.
Hay encuentros culturales, espacios académicos, actividades comunitarias y manifestaciones que buscan mantener viva la memoria de una población que ha hecho de la música una de sus principales formas de narrarse a sí misma. Un ejemplo es el conversatorio “Mujeres que Inspiran: legados que han marcado la historia de la tierra de cantores”, que se realiza en el marco de esta edición y que pone la mirada sobre las mujeres que han contribuido a construir la historia cultural de Fonseca.
El Retorno también tiene rostro de mujer
En esta edición, las mujeres ocupan un lugar especial dentro del relato del Festival. Mujeres compositoras, cantantes, gestoras culturales, artesanas, profesionales, madres, líderes y mujeres que, desde diferentes escenarios, han contribuido a construir la identidad de Fonseca.
Hablar de ellas es también hablar de una tierra que ha producido voces capaces de trascender generaciones. Y es que detrás de cada canción, de cada celebración y de cada tradición, también hay mujeres que han sostenido la memoria cultural de sus familias y de sus comunidades.
Por eso, el homenaje de esta edición no es solamente un reconocimiento protocolario. Es una oportunidad para mirar hacia esas historias que muchas veces permanecen detrás de los grandes escenarios y reconocer que la cultura también se construye desde la cotidianidad.
El festival que bendice a quienes regresan
Hay una tradición que resume como pocas el espíritu del Festival del Retorno: el bautismo de los retornados. Es una ceremonia simbólica en la que un ciudadano ilustre del municipio asume el papel de “obispo” y bautiza a quienes regresan a Fonseca, especialmente a los niños retornados y a quienes han sido adoptados simbólicamente por esta tierra.
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La tradición hace parte del Festival desde sus primeras épocas y se ha convertido en uno de sus actos más representativos. Y ahí está quizás la esencia más bonita de esta celebración. Porque mientras muchos festivales buscan mostrarle al visitante lo que tiene un territorio, el Festival del Retorno tiene una particularidad: primero busca recordarles a los suyos por qué vale la pena regresar.
Es una fiesta para quienes se fueron, pero también para quienes se quedaron. Para los que llevan años viviendo lejos y para los que nunca han dejado Fonseca. Para los padres que regresan con sus hijos y para los hijos que descubren, quizás por primera vez, la tierra de sus padres.