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De tour por Ciudad Bolívar, un nuevo destino turístico de Bogotá

La localidad posee una gran riqueza cultural que vale la pena descubrir y disfrutar. Arte, saberes, memoria histórica y transformación social ofrecen una experiencia de turismo diferente.
Turismo en Bogotá: tour por Ciudad Bolívar
Turismo
Fotos: Yaneth Jiménez Mayorga
Yaneth Jiménez Mayorga

“Bienvenidos a Ciudad Bolívar. Mi nombre es Jenny Mila, soy guía de La Ruta de la Esperanza. Nos encontramos en el Portal El Tunal, desde donde iniciamos este tour. En este momento tomamos el TransMiCable hacia la primera parada de nuestro recorrido: la estación Juan Pablo II”, con esta invitación empieza un recorrido de casi dos horas en una de las zonas más populares de Bogotá, y que desde hace unos años se forja como un nuevo destino turístico de la capital colombiana.  

Este territorio poblado hace años por indígenas Muiscas, donde abundaban el agua, la flora y la fauna, donde hacia los años 30 se asentaron poderosos hacendados que fueron fundando las primeras ladrilleras en las canteras con el trabajo de los pocos habitantes de entonces, y donde arribaron miles de personas en búsqueda de mejores horizontes, que nació como una invasión, donde por mucho tiempo imperó la pobreza y la violencia, es hoy un lugar que, gracias a una comunidad resiliente, valiente, trabajadora solidaria, se ha ido transformando a través del tejido social, el arte, la cultura, la memoria histórica, los saberes,  la lucha y la resistencia social de sus pobladores y líderes.

TransMiCable

“Todo empezó en 2018, con la llegada del TransMiCable, el primer sistema de transporte público digno para quienes vivimos aquí, un transporte que nos cambió la vida y que se ha convertido en un valioso instrumento para generar turismo rural y urbano con el cual buscamos transformar ese estigma de discriminación, vandalismo y violencia para convertirnos en una vitrina hacia el mundo, mostrando el gran valor social y cultural de la localidad”, dice Jenny. 


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Transformando espacios, transformado vidas 

Así, a medida que el vagón de TransMiCable avanza sobre las montañas donde se erigen los coloridos barrios, Jenny narra los orígenes de Ciudad Bolívar: “Uno de los primeros barrios que se formó fue el que se conoce como San Francisco. Esta era una zona rural con grandes haciendas como La María y La Fiscala, y una de las primeras que se empezaron a parcelar. Aquí llegaron personas víctimas de la violencia, principalmente de Boyacá y fueron fundando los barrios Juan Pablo II, Manitas y Paraíso”.  

El primero fue bautizado en honor al Papa, quien en 1986 visitó el barrio al enterarse que llevaba su nombre, y donde sobresale el Monumento a la Vida representado por dos jóvenes con una cometa en honor a dos muchachos que fueron asesinados cuando imperaba la llamada “limpieza social”, un fenómeno que afectó fuertemente a la localidad, pero que ha sido superado. El monumento es un llamado a dialogar sobre la importancia del cuidado de la vida y romper algunos estigmas sobre los y las jóvenes del territorio. 

Grafitis Ciudad Bolívar

Mientras se llega a la segunda parada, la estación Manitas- que según relata Jenny, fue una zona rural donde existían abundantes manantiales de aguas cristalinas- se observan también los vistosos murales realizados por talentosos artistas del territorio que adornan calles, parques, plazoletas, escenarios deportivos, espacios públicos que gracias al trabajo de la comunidad han sido mejorados, dándole una nueva vida al sector, y que plasman las luchas que ha librado la comunidad por la dignidad y sus derechos. 

De allí, se sigue a El Mirador del Paraíso, la tercera estación, ubicada en la parte más alta, donde abre sus puertas el Museo de la Ciudad Autoconstruida, un espacio de cinco pisos que alberga los procesos sociales y culturales que se desarrollan en la localidad y donde es posible conocer cómo suena, lucha, vive, sueña, crea y transforma la comunidad y el entorno. 


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El recorrido al interior del Museo permite descubrir las prácticas y saberes que han construido la localidad desde su infraestructura y cultura, así como la transformación de imaginarios y estereotipos que existen con respecto al territorio y a quienes aquí habitan, a través de la puesta en escena en diversos formatos(videos, fotografías, audios, artesanías, performances) de las historias, personajes y procesos comunitarios que han forjado el carácter resiliente de sus habitantes y que han cimentado su patrimonio y su memoria y que se plasma en uno de los textos que se ubican a la entrada del recinto: “Autoconstruir es más que construir casas y calles, es crear un mundo social, económico, cultural y simbólico para vivir juntos”. 

Turismo comunitario
Museo de la Ciudad Autoconstruida- Ciudad Bolívar 

No es como la pintan…

De allí, sigue el camino hacia el sendero muralista, una ruta que recorre las calles del barrio cuyas fachadas de las casas han sido intervenidas con obras de arte urbano por colectivos de artistas y jóvenes locales, muchos de los cuales han optado por esta manifestación artística como una alternativa para transformar sus vidas, el espacio y el entorno.  

Las figuras de animales, flores, personajes icónicos y representativos del país y del territorio, rostros, imágenes con mensajes de esperanza, y miradas que atraen, colorean los muros de las viviendas. Del graffitour hacen parte proyectos como Bogotá Colors, una propuesta cultural y social que busca hacer de Ciudad Bolívar un referente del arte contemporáneo, la moda urbana con una marca propia y el turismo comunitario. 


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La caminata continúa por las vías colmadas de comercio, con locales que ofrecen una variada propuesta gastronómica, y cientos de personas que bajan y suben las empinadas calles, en cuyos rostros se refleja esa lucha constante por su reivindicación, para pasar por una moderna cancha de fútbol de césped sintético que se ha convertido en uno de los principales espacios de reunión, diálogo y transformación de la cotidianidad de los habitantes del sector. 

Finalmente, se llega al Mirador Illimaní, un espacio público de más de 20.000 metros cuadrados que alberga zonas deportivas alamedas, plazas, plazoletas, senderos peatonales, áreas recreativas con canchas deportivas y juegos infantiles, el cual fue construido con mano de obra local y el que “ofrece la mejor vista del sur de la ciudad”, señala Jenny. 

Ciudad Bolívar
Vista desde el Mirador Illimaní.

“A través de la Ruta de La Esperanza queremos mostrar cómo Ciudad Bolívar viene resistiendo, dinamizando diferentes circunstancias a través de diferentes acciones comunitarias, sociales y culturales del territorio. La localidad ha sido estigmatizada, segregada y no se le ha permitido mostrar lo que es y lo que tiene. Lo que buscamos es que las personas sepan que Ciudad Bolívar no es como la pintan, sino como la pintamos. Buscamos exponer cómo a través de estas gestas queremos transformar nuestra casa a través de historias, anécdotas y enseñanzas colectivas, convertidas en arte y en el mejoramiento de los espacios públicos”, apunta Andretti Rojas, líder comunitario y gestor de la Ruta de la Esperanza. 

El regreso al Portal del Tunal llega cargado de otras perspectivas, de otras miradas, de otros sentimientos, de otros reconocimientos, de una Ciudad Bolívar que vibra, crece, evoluciona y les ofrece a propios y visitantes una alternativa de turismo social y comunitario.

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