El cacao: cultivo de la paz en Caquetá
En Puerto Rico, Caquetá, conocido como “un territorio fácil de querer y difícil de olvidar”, el aroma del cacao se ha convertido en símbolo de transformación social y construcción de paz. Entre los cultivos que cubren las fincas del municipio, hombres y mujeres campesinas impulsan procesos productivos que surgieron tras la implementación del Acuerdo de Paz de 2016.
Una de esas historias es la de Kelly Johana Granja, campesina e integrante del Comité de Cacaoteros y Reforestadores de Puerto Rico (COCAREP), organización que reúne familias comprometidas con la sustitución de cultivos de uso ilícito y el fortalecimiento de la economía rural.
La lideresa, de 37 años, asegura que el trabajo alrededor del cacao amazónico ha significado una oportunidad para reconstruir proyectos de vida en territorios golpeados por el conflicto armado. Según relata, el proceso también ha permitido fortalecer el liderazgo de las mujeres rurales y motivar a otras comunidades a apostarle a la legalidad y al emprendimiento.
El COCAREP, creado en 2007 y fortalecido tras el punto 4 del Acuerdo de Paz, relacionado con la solución al problema de las drogas ilícitas, hace parte del proyecto ‘Cacao Amazónico y Paz’, iniciativa que agrupa cerca de 607 productores de Caquetá, Guaviare y Putumayo bajo prácticas agroecológicas.
Actualmente, el comité cuenta con 80 socios activos, entre ellos 40 mujeres y varios jóvenes campesinos que trabajan para consolidar el cacao como uno de los principales motores de la economía local en Puerto Rico, Caquetá.
Kelly Johana Granja destaca que muchas de las familias vinculadas al proyecto decidieron reemplazar los cultivos ilícitos por el cacao como alternativa productiva y de estabilidad económica. El proceso cuenta con apoyo financiero del Ministerio Federal de Cooperación Económica y Desarrollo de Alemania (BMZ) y es implementado por Alisos, WWF Colombia y WWF Alemania.
La lideresa también resalta el papel del Programa Nacional Integral de Sustitución de Cultivos de Uso Ilícito (PNIS), a través del cual nació una cooperativa integrada actualmente por 20 mujeres dedicadas a la transformación de productos derivados del cacao.
En la finca de Kelly, ubicada en la vereda La Esmeralda de Puerto Rico, cerca de 800 árboles producen alrededor de mil kilos de cacao, una producción que hoy se transforma en diversos alimentos y productos artesanales.
Entre la oferta elaborada por las familias campesinas se encuentran chocolate de mesa, nibs caramelizados, galletas de cascarilla de cacao, gomitas de mucílago y arequipe de cacao, productos que representan una apuesta por generar valor agregado y abrir nuevos mercados para las comunidades rurales.
Para Kelly Johana Granja, el siguiente paso será llevar los productos del cacao del Caquetá a mercados internacionales, demostrando que desde territorios históricamente afectados por la violencia también se construyen iniciativas de paz, emprendimiento y desarrollo rural sostenible.