La biodiversidad colombiana es abundante y reconocida a nivel mundial. Varias zonas del país cuentan con una considerable riqueza natural, entre las que se encuentra el departamento del Chocó, afectado por el reciente terremoto, de magnitud 7.4, cuyo epicentro se presentó en área rural del municipio de San José del Palmar.
Áreas protegidas y estrategias de restauración ecológica tras un sismo
El Pacífico chocoano comprende ecosistemas estratégicos y de gran potencial ambiental, a los que se debe dar especial atención en el contexto de la recuperación necesaria tras este evento sísmico. Según el Centro de Investigaciones Pacífico de la Universidad del Valle, se estima que alrededor del 80 % de su área selvática no ha sido todavía afectada por las actividades humanas, legales e ilegales.
En el área de influencia del terremoto se encuentran los parques nacionales de Los Katíos, de Utria y de Tatamá, así como el Santuario de Fauna y Flora de Acandí. Igualmente, debe mencionarse el área de manglares del Bajo Baudó, que es una reserva natural única en su especie.
En el Registro Único Nacional de Áreas Protegidas, administrado por Parques Nacionales Naturales de Colombia, se encuentran 33 áreas de importancia estratégica ambiental en el departamento del Chocó, que están legalmente protegidas. También debe mencionarse la zona selvática del Darién, que está ubicada en la zona norte, en la frontera con Panamá.
Considerando lo anterior, el Chocó es un departamento en el que son fundamentales las políticas ambientales para la protección de los ecosistemas y de la vida silvestre, con áreas estratégicas en ubicaciones continentales, litorales y marítimas que requieren un tratamiento específico según sus características particulares.
La Gobernación del Chocó informó que 30 de sus 31 municipios reportan daños y víctimas tras el terremoto del 10 de agosto, pero los más afectados han sido San José del Palmar (epicentro), Tadó, Bagadó, Condoto, Nóvita, Sipí, Itsmina, Litoral de San Juan, Lloró, Río Iró, Medio San Juan, Certegui y Unión Panamericana, así como la capital Quibdó.
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También la gobernación explicó que el 90 % de los daños se registran en áreas rurales, y ello comprende también las zonas naturales estratégicas que se encuentran alrededor de los poblados, a lo largo y ancho del departamento.
Pese a lo que se observa a simple vista, los ecosistemas estratégicos también se ven afectados por los sismos, por lo que la recuperación no se limita sólo a las comunidades e infraestructuras, sino que también se requieren procesos resilientes con la naturaleza.
Para establecer un plan de recuperación, es necesario que tras el movimiento telúrico se realice una evaluación técnica de las zonas protegidas, que permita identificar si hay daños visibles o si se puede estimar afectaciones que aunque no sean notorias, hayan alterado las condiciones de los suelos y la distribución de los recursos.
Dicha evaluación comprende una valoración ambiental completa, que debe establecer los impactos sobre las fuentes de agua y sobre la cobertura vegetal, así como el estado de los individuos arbóreos y otros recursos vegetales, además de las condiciones de la fauna nativa, incluyendo casos de pérdidas y animales silvestres heridos.
Las revisiones en terreno deben considerar el estado de los senderos y los deslizamientos que hayan sucedido o que puedan tener riesgo de suceder por cuenta del sismo (estudio de estabilidad de suelos y laderas), así como eventos o posibilidades de inundaciones, o de obstrucción de los flujos de agua.
Una vez se tenga la información diagnóstica, se debe diseñar e implementar un plan de restauración ecológica específico para cada ecosistema, de acuerdo con el nivel de daños, procurando la estabilización de los suelos y restablecimiento de los flujos de agua.
El acceso a los ecosistemas estratégicos está permanentemente restringido o limitado a algunos propósitos de conservación, por lo que estas medidas suelen mantenerse durante la recuperación de un sismo, lo que en general facilita su regeneración natural. De esta manera, la intervención humana solo sería necesaria si el daño lo amerita.
Las comunidades son fundamentales para el proceso de evaluación y para desarrollar el plan de recuperación, ya sea participando activamente en la protección del ecosistema, permitiendo su autoregeneración, o mediante estrategias concertadas que permitan acelerar la recomposición de la fauna y la flora, siguiendo las recomendaciones técnicas.
Los conocimientos propios y la cultura de las comunidades inciden en la calidad de la formulación del plan y la efectividad de su cumplimiento.