⸺El cover es un suicidio⸺ dijo con contundencia el folclorista Felix Carrillo Hinojosa⸺. Ellos no pegan porque están mal dirigidos. No saben cantar la música del pasado.
El cover no es un invento ni del vallenato ni mucho menos de esta nueva generación. Venía desde antes. Estuvo la época de VHS en la nueva ola con Silvestre Dangond, en los clásicos que grabó Carlos Vives, o, aunque aún no se llamara así, en la época de juglaría en la que los músicos escuchaban canciones en parrandas que luego replicarían en otras parrandas. A veces, incluso, pasándolas como propias.
Hoy los más jóvenes piensan que algunos de los clásicos que se vuelven covers son de la autoría de quien las canta. Aunque llega hasta ahí. En el “vallenato primitivo”, que es como Carrillo Hinojosa llama a las primeras generaciones vallenatas, había dificultad en identificar quién era el verdadero autor de una canción. Hoy los detecta la IA de las plataformas musicales. También se cobran derechos de autor.
El ascenso del ‘show’
Los cantantes contemporáneos del vallenato ya no buscan apropiarse de las canciones del pasado. Hacen corves buscando más presentaciones en eventos, que es la fuente principal de sus ingresos. En 2023, según cifras entregadas por el periodista Paul Bolaño, se calcula más de mil presentaciones en el género. Hoy, sumando solo los espectáculos de la nueva generación, se acerca a esa misma cifra.
El cantante que más ha reversionado canciones en estos últimos cuatro años es Julio Rojas, junto a su acordeonero Tavo Sumoza, que, al mismo tiempo, es el artista de la nueva generación con mayor cantidad de presentaciones al año, con cerca de 300, según datos de su mánager Alejandro Rojas, seguido por Mario Cerchar y Oscar Gamarra.
Las plataformas de reproducción musical como YouTube o Spotify no representan más de 10% de los ingresos de las agrupaciones. Aunque son considerados como posibles recursos para vender presentaciones musicales, también sirve para abrir camino en la industria, así lo asegura asegura Damian Pachón, manager de Luisra Solano, otro de los cantantes que han destacado en esta nueva generación.
La ausencia de éxitos
La creación de canciones propias, que reclaman tanto los folcloristas del género, en estos últimos años parece un tema en segundo plano, a pesar de que los datos parecen contradecirlo.
Por un lado, están los que priorizan los covers. Julio Rojas cuenta con 35, 8,7 en promedio por año, mientras que sus canciones propias tienen una media 3,5 por año. Mario Cerchar apenas registra un solo sencillo, al mismo tiempo que mantiene un promedio de 6,25 covers al año.
Por otro lado, están quienes, aunque no abandonan las reversiones, se esfuerzan por resaltar con sus propias producciones. Es el caso de Oscar Gamarra, quien registra un promedio de 7,5 covers anuales, pero uno de 10 canciones propias, la cifra más alta. Otro caso similar es el de Luisra Solano, con apenas cuatro covers, mientras que registra 7,5 producciones suyas anuales.
Estas cifras, calculadas de Spotify y YouTube, muestran que es falsa la versión que asegura que los músicos de la nueva generación vallenata no estén haciendo sus propias producciones. También cabe señalar que, ninguno de estos artistas tiene un éxito más allá del Cesar o La Guajira, en el mejor de los casos de la Costa Caribe. Solo hay, hasta el momento, intentos.
El suicidio
Uno de los casos especiales es el de Luisra Solano quien es uno de los pocos cantantes, después de La Banda del 5, que ha logrado abrir camino con su propia música y establecer un estilo musical con una estética urbana, en la que ya ha hecho rupturas, como la incorporación del chanteo, que era exclusivo del trap o reguetón.
Luisra aseguró que poco escucha la música vallenata y que su estilo se ha fraguado a partir de una exploración de otros sonidos en otros géneros musicales, principalmente urbano. Eso recuerda a intérpretes como Kaleth Morales. Fue artífice en la transformación de la nueva ola del vallenato, que también estuvo influenciado de otros ritmos, y logró cambiar la estructura de la composición en el género, rcconocido por los compositores de la época.
Si habláramos de Luisra Solano como el equivalente a Kaleth Morales en esta nueva generación, hay que preguntarse por qué no ha calado por fuera de la industria local, como lo hizo en su momento el cantautor Morales, spetecido por las disqueras, icialmente Codiscos y luego con Sony. Sus canciones hoy se siguen escuchando en el interior del país, dos décadas después de su muerte.
El papel protagónico de las disqueras no tiene el mismo efecto hoy en la industria de la música y la responsabilidad de que el vallenato no se escuche por fuera del Cesar y La Guajira no es de esta nueva generación, si no de las pasadas que dejaron de estar en la palestra nacional, luego de vivir un momento de abundancia. El género vive algo así, como en la economía, un estacionamiento.
Mientras se recupera el vallenato, como en toda crisis, parece que debe seguir escarbando el pasado y retomar lo que hizo bien, mientras afloran las nuevas propuestas que poco a poco conquistan espacios que hoy dominan otros géneros. Quizá el folclorista Carrillo tenga razón en decir que el cover es un suicidio. Quizá deba serlo para vuelva a nacer.