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Dulsaides Bermúdez, la última musa del juglar Calixto Ochoa

El Festival Cantares de Calixto Ochoa en Valencia de Jesús, le hará este año un homenaje a Dulsaides Bermúdez, el último amor de este gran músico.
Liliana Vanegas

'Todo es para ti'  es la canción que le cantaba Calixto a Dulsaides.

La historia de amor entre Dulsaides Bermúdez y Calixto Antonio Ochoa Campo parece sacada de un libro de romance con final feliz. Terminaba la década de los 60 y ella en su natal Villanueva, La Guajira, soñaba con conocer al intérprete de las canciones con las que creció y que ponía a bailar a todo un país.

Era una niña deleitándose con las canciones del ‘Negro Cali’. Él recorría escenarios con la agrupación de Los Corraleros de Majagual. Temas como La reina del espacio, El machorrito, El calabacito, sonaban en alto volumen desde bocinas de sus vecinos y hacían que Dulsaides dejara de jugar con muñecas y se emocionara con el inalcanzable cantante.

“En mi niñez crecí escuchando su música, todo eso era la influencia que tenía en La Guajira, entonces quedaba uno como encantado con todas sus canciones; debe ser que su música se me metió en la sangre”, cuenta de forma desparpajada esta mujer quien nos abre su corazón, evocando recuerdos desde la sala de su casa en Valledupar.

A ella se le sale aún uno que otro suspiro, reflejo del amor que siente por los recuerdos del maestro, (como siempre le dijo) en señal de respeto y admiración. Ese mismo amor que hizo que en su lecho de muerte, ella le cantara y bailara Los Sabanales, robándole sonrisas y haciendo que desde la cama de cuidados intensivos Calixto Ochoa la aplaudiera por los tiempos de alegría brindados.


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La historia de amor

Hablar de ese amor la mantiene dichosa, traer esos recuerdos es una forma de tener a su maestro siempre presente. Y la resume en dos etapas, la primera en 1970, cuando un aviso radial que sonaba por todas partes le hizo acelerar el corazón: “llega a Valledupar Calixto Ochoa”, se presentaba en la tercera edición del Festival de la Leyenda Vallenata. Oportunidad de oro para conocerlo. Ella de 12 años se aglomeraba en los kioscos donde se presentaba el ya famoso acordeonero de 36.

“A mí me fascinó verlo cantar ‘El gavilán castigador’, ‘El veterano’, todas sus canciones”, todo el repertorio la emocionaba. Veía como en hombros la multitud lo llevaba al hotel donde se hospedaba, para que almorzara y de igual manera regresara para seguir presentándose. El premio que se llevaban los seguidores, era verlo de cerca y que él los saludara. Así fue el primer acercamiento de miradas.

Ese año el ganador del Festival Vallenato fue Calixto Ochoa derrotó a su amigo Náfer Durán, hermano de Alejo y a Emilianito Zuleta Díaz. Toda una felicidad para Dulsaides y su familia, quienes celebraron como propio el triunfo.

Después de ganarse el Festival, Calixto Ochoa se presentaba en una caseta, pero a ella no la dejaban entrar. Al año siguiente, se las ingenió para junto a su mamá ingresar a ver la presentación de Los corraleros de Majagual. Aún se acuerda de la primera canción que interpretaba, Marta, nombre original de Lirio Rojo. Al terminar la tanda, el Rey se acercó a donde estaba Dulsaides le pidió permiso a la mamá de ella: “¿Me la presta para bailar?” y de ese baile quedó la primera fotografía muestra fehaciente del amor que nacía.

Calixto Ochoa

En otra oportunidad y sin temor alguno Ochoa le dijo a Alicia Díaz, la mamá de Dulsaides lo que nadie imaginaba. “Quiero casarme con su hija”, petición que fue negada porque la joven aún estudiaba. A los meses surgió un sano romance escondido, cada que él llegaba a Valledupar la visitaba, le parqueaba el bus en las afueras de la casa o le mandaba a avisar con los músicos donde se presentaba. En 1973 cuando él se comprometió con una mujer ella decidió dar por terminada esa relación, pero quedaron de amigos. “En esos tiempos fueron varias las mujeres que él tenía. Pero bueno, la vida del músico es así, yo lo dejaba”, cuenta hoy.

El periodista y escritor William Rosado Rincones, en la página 167 del libro 'El Mundo de Calixto', se refiere a Dulsaides como su “’Ángela de la guarda, después que sus antecesoras lo dejaran solo como Diana, que nunca regresó del barco pirata donde se fue; Irene, aquella que le puso rival o Marta, la que en todo momento vivía pensando en su santo nombre”.

Es por eso que, cada quién tomó su camino, ella terminó estudios e inició labores en una empresa de aviación con sede en Barranquilla, él seguía viajando, conquistando mujeres y seguidores. Al tiempo ella se casó tuvo dos hijos, se separó y decide irse a Estados Unidos para empezar una nueva vida.
Pero el destino insistía en unirlos. En 1990 Dulsaides llegó a Miami y al día siguiente le dijeron que había una gira de músicos colombianos: Diomedes Díaz, Joe Arroyo y también se presentaba Calixto Ochoa.

Calixto Ochoa

Pidió que la llevaran a la presentación y al finalizar constató que estuviese sin acompañante en el camerino y en ese reencuentro se unieron en un gran abrazo, ella de 33 años, con emoción de la joven de 13 y él de 56 con la necesidad de compañía de un adolescente, desde allí decidieron estar juntos convencidos que eran el uno para el otro hasta que la muerte los separó el 18 de noviembre de 2015.

La mujer que vivió 25 años al lado del gran juglar y que hoy va a clases para aprender a tocar su acordeón, espera que nadie olvide a su gran amor. Desea que le construyan un monumento en Valledupar, en Valencia de Jesús, corregimiento de la capital del Cesar donde nació o en Sincelejo, lugar donde vivió gran parte de su vida; pero que las nuevas generaciones sepan de este genio de las letras y melodías que recorrió el mundo con su acordeón y canciones. 

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