El milagro de la vida y por partida doble en el Amazonas
En medio de los sonidos de la selva y la tranquilidad de su comunidad, Luz Marcela Macedo, indígena de la etnia Cocama, esperaba el momento de dar a luz. Debido a su embarazo gemelar, tenía programada una cesárea para inicios de mayo; sin embargo, las condiciones geográficas y económicas llevaron a la familia a tomar la decisión de no regresar a controles médicos, evitando un recorrido de aproximadamente 50 kilómetros por río hasta Leticia, capital del Amazonas.
En territorios como estos, el conocimiento ancestral de los abuelos, parteras y médicos tradicionales sigue siendo fundamental para el manejo de situaciones como esta, mientras se logra la atención médica occidental. A través de baños con plantas, amarres y emplastes como ellos los llaman. Luz mantenía la calma, mientras que la conectividad, otra de las barreras que hacen aún más distante a las comunidades, permitía la salida de la llamada a la ambulancia fluvial del Hospital San Rafael de Puerto Nariño.
Las contracciones empezaron a hacerse cada vez más fuertes y constantes y es que como dicen ellos "el cuerpo sabe". Luz Macedo concedió una entrevista a Radio Nacional de Colombia, sonreía con tranquilidad, como si nada extraordinario hubiera ocurrido, conservando esa timidez característica de muchos pueblos originarios. "El puerto para coger el bote es lejos, nos toca caminar siempre como 25 minutos, me estaban acompañando mis papás y mi marido, ya me había salido el tapón mucoso que llaman por eso salimos para ver si pasaba un bote para venir al pueblo".
Después de varios intentos, finalmente se logró la comunicación. Desde Puerto Nariño partieron en la ambulancia fluvial la médica María Paula Perea, el auxiliar de enfermería Josen Macedo Pereira y el motorista Eduardo Vera, quien, con gran pericia sobre el río Amazonas, llegó en pocos minutos a la comunidad El Vergel.
“El motorista nos llevaba con seguridad, pero iba realmente rápido. Era de noche y todo se veía oscuro. Cuando llegamos, la mamita estaba acurrucada, en la posición de pujo que manejan las parteras”, recordó la médica.
Había poco tiempo y muchas decisiones por tomar. Luego de subir a Luz Marcela al bote y realizar la valoración inicial, la doctora María Paula tomó la decisión de dirigirse hacia Leticia.
“Sabía que en Puerto Nariño no podríamos atender una emergencia en caso de que ocurriera alguna complicación, pero también sabía que el movimiento del río iba a acelerar el nacimiento”, explicó.
A las 9:45 de la noche, el majestuoso río Amazonas y sus vientos nocturnos recibieron al primer bebé. En medio de la oscuridad y el movimiento de la embarcación, el personal médico hizo lo propio.
“El apoyo del padre fue fundamental. Después de revisar los signos del bebé, él nos ayudó a mantenerlo caliente. El auxiliar escribía las órdenes y yo revisaba que la mamita estuviera bien”, contó la doctora.
En Colombia, nueve de cada diez embarazos múltiples son prematuros. Pero contra todo pronóstico, y acompañados por la sabiduría ancestral, los bebés nacieron a término y por parto natural.
“Quince minutos después llegó el segundo bebé. Tenía buen llanto y buen tono”, expresó María Paula Perea.
La llegada a Leticia permitió la revisión y el monitoreo cuidadoso de la madre y de los recién nacidos, quienes durante todo el proceso presentaron excelentes signos de salud.
Wilson Rodríguez, indígena magütá y padre de los menores como médico tradicional reconoce la importancia del trabajo conjunto entre los saberes ancestrales y la medicina occidental.
“Es una alegría muy grande. Como médico tradicional, saber que ese conocimiento nos ayudó y nos une para trabajar junto al conocimiento occidental”, afirmó.
Familiares y habitantes de la comunidad destacan la fortaleza de Luz Marcela, quien enfrentó con valentía el proceso de parto, mientras el personal de salud resalta la importancia de seguir fortaleciendo el trabajo conjunto con parteras, médicos tradicionales y sabedores en la atención materna de las zonas apartadas del departamento, donde muchas mujeres aún deben recorrer largas distancias para acceder a servicios de salud.
Historias como la de Luz Marcela reflejan las realidades del Amazonas profundo: territorios donde la vida florece entre desafíos, pero también donde la solidaridad comunitaria y el amor por la familia siguen siendo la mayor fortaleza.
Y como dicen los abuelos, “cada bebé llega con el pan debajo del brazo” pues los apoyos no tardaron en aparecer. Pañales, ropa y elementos de aseo comenzaron a llegar para acompañar a esta familia indígena en el inicio de una nueva etapa.
Hoy, dos nuevos latidos fortalecen el corazón de una familia indigena y recuerdan que, incluso en medio de la selva hostil y de los secretos que guarda el río Amazonas, la vida siempre encuentra la manera de abrirse camino.