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Totó La Momposina 1940 – 2026: el adiós a la voz que llevó el Caribe colombiano al mundo

La muerte de Sonia Bazanta Vides conmociona a Colombia y al mundo cultural. Su voz, símbolo del Caribe colombiano, abrió caminos para la internacionalización de las músicas tradicionales. Por eso es nuestra artista de la semana.
Jaime Andrés Monsalve

La noticia del fallecimiento de la cantadora y folclorista Sonia Bazanta Vides, Totó La Momposina, hace un par de días en Celaya, México, ha tomado por sorpresa al mundo de la música y de la cultura. Más allá de la consternación, Colombia queda huérfana de un verdadero referente.

La obra de Totó La Momposina representó el contacto más importante que las más recientes generaciones han tenido con los sonidos tradicionales del Caribe colombiano, y a la vez un puente ineludible en la internacionalización de nuestra música, gracias a su fundamental participación en la escena global de la world music. Si nuestro país empezó a ser vislumbrado por muchos como la potencia musical independiente que es hoy, fue gracias a la lucha a brazo partido de la cantadora nacida en Talaigua Nuevo, Bolívar, en agosto de 1940.

En su libro “Música, raza y nación”, el antropólogo inglés Peter Wade habló del discurso vital de Totó la Momposina de esta manera: “En su narración hay un fuerte sentido de liberación, del descubrimiento y recuperación de la verdad”. José I. Pinilla Aguilar dijo, en su libro “Cultores de la música colombiana”, que “su arte flota en el viento y con el palmoteo de los nativos crean sones y los lanzan al río de Nuestra Señora de la Magdalena, donde agolpados a sus veras han visto pasar los tiempos de los tiempos con su propio folclor, en el que hoy expone la artista con gran tipicidad”.


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Heredera de una familia de músicos en cuarta generación, a sus cinco años Sonia Bazanta viajó a residir con sus padres a Bogotá. En su adolescencia decidió recorrer los pueblos de Caribe para aprender en campo sus músicas y sus danzas, acompañada por su escudera, la documentalista Gloria Triana. Como ocurrió con otras grandes figuras representativas de lo tradicional, la artista ocupó temporalmente una plaza en la compañía de Delia Zapata Olivella como cantadora y bailadora, y con ella viajó por Centroamérica y los Estados Unidos a mediados de la década del 70.

Poco después se encontraba girando con aquella compañía por Suecia, República Democrática Alemana, la antigua Unión Soviética, Polonia y Francia. Allá se quedó para realizar estudios en la Universidad de La Sorbona, para conformar su propia agrupación y para registrar, a finales de 1982, su primer trabajo discográfico. Poco antes, se había hecho presente con sus tamboleros en la fiesta por la entrega del Premio Nobel de Literatura a Gabriel García Márquez, en Estocolmo.

Su paso por diferentes festivales a principios de la década del 90, como la Feria Mundial en Sevilla, España, el Festival Cervantino en Guanajuato, México, y otros espacios de importancia capital para los sonidos de raíz, determinó para Totó el reconocimiento de la gran escena del fenómeno world music. Fue así como en 1993, por invitación de la estrella de rock Peter Gabriel, dueño del sello Real World, lanzó “La candela viva”, con producción de Richard Blair, un trabajo fundamental en la escena de los sonidos de raíz en el mundo. De regreso a Colombia, la serie de discos registrados con el sello MTM lograron redondear la faena.


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Totó la Momposina fue sinónimo de tradición y resguardo, pero también es vanguardia y modernidad. Así lo reconoce la periodista Patricia Iriarte en su libro “Totó: nuestra diva descalza”, cuando afirma que ella “defiende ferozmente una tradición musical que ha heredado de sus mayores y cuya esencia se siente llamada a transmitir, pero también es cierto que su trabajo ha sido bastante permeable a las diversas influencias musicales que nos son propias, ello gracias a la feliz circunstancia de haber estado inmersa, en su infancia y juventud, en las tradiciones dancísticas y musicales del Gran Caribe, en sus diversos géneros y formatos”.

Es por eso que acumuló un apreciable número de triunfos y galardones respaldados en una amplia discografía que incluyó, además, colaboraciones con músicos internacionales como Los Jaivas de Chile, León Gieco, Gustavo Santaolalla y Víctor Heredia de Argentina, Gilberto Gil y María Rita de Brasil; Calle 13 de Puerto Rico, Pablo Milanés de Cuba y, de México, Lila Downs y Celso Piña.

Doña Sonia Bazanta Vides de encontraba en uso de buen retiro y luego de haberse despedido de su público de manera oficial en el Festival Cordillera de 2022 en Bogotá, su legado se convirtió en un patrimonio de la humanidad gracias a la conservación y divulgación hecha por su hijo, Marco Vinicio Oyaga, como cabeza de la agrupación Los Tambores de Totó.

Paz en la tumba de nuestra Totó La Momposina.

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