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Agosto, un mes marcado por el calor en Colombia
Algunas ciudades y municipios, las temperaturas máximas han alcanzado los 40 °C. Créditos: Hamza Awan

Agosto, un mes marcado por el calor en Colombia

Las altas temperaturas, la disminución de las lluvias y los incendios forestales han dejado en agosto una señal: nuestro territorio está sintiendo los efectos de las temperaturas extremas.

Durante agosto, el calor se ha convertido en una conversación cotidiana para muchos colombianos. En diferentes regiones del país, las temperaturas han alcanzado niveles inusualmente altos y, en algunos lugares, han superado los registros habituales para esta época del año.

No se trata únicamente de una sensación. El Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (Ideam) informó durante los primeros días de agosto sobre temperaturas máximas “por encima de los valores climatológicos de referencia correspondientes al periodo 1991-2020”. La entidad señaló que los datos mostraban condiciones consistentes con una ola de calor meteorológica en amplias zonas del territorio nacional.

Uno de los registros más llamativos se presentó en Pailitas, Cesar, donde la temperatura alcanzó los 42 °C el 8 de agosto, superando en dos grados el máximo histórico registrado para agosto en ese municipio.

Pero detrás de cada número hay una realidad que se siente en la vida diaria. Está la familia campesina que mira con preocupación sus cultivos cuando el agua comienza a escasear. Están los animales que pierden su refugio cuando el fuego avanza. Y está la comunidad que ve cómo la quebrada o el río reduce poco a poco su caudal.


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El calor se siente en los territorios

Durante los primeros días de agosto, el Ideam identificó comportamientos particularmente significativos en departamentos como Cesar, La Guajira, Magdalena, Santander, Norte de Santander, Antioquia, Boyacá, Casanare y Tolima. Condiciones de temperaturas elevadas que se han presentado con especial intensidad en sectores del Caribe y en zonas de los valles interandinos y el nororiente del país.

En algunas ciudades y municipios, las temperaturas máximas han alcanzado o se han acercado a los 40 °C. En Cesar, por ejemplo, Valledupar llegó a superar los 40 °C durante una de las jornadas de mayor calor.

Para quienes viven en estas regiones, el calor no es solamente una cifra. Significa buscar sombra, modificar horarios de trabajo, aumentar el consumo de agua y extremar los cuidados, especialmente entre niños, personas mayores, trabajadores que permanecen largas horas al aire libre y quienes desarrollan actividades en el campo.

Y mientras las personas buscan protegerse del sol, la naturaleza también enfrenta sus propias dificultades.

Cuando el calor y la falta de agua aumentan el riesgo de incendios

Las altas temperaturas y la disponibilidad de agua, puede aumentar la vulnerabilidad de los ecosistemas y favorecer la propagación de incendios forestales. Una de las situaciones más dolorosas se vive en el departamento del Tolima. Para el 25 de agosto, las autoridades reportaban “más de 27.000 hectáreas afectadas por los incendios forestales, en al menos 22 municipios. Cerca de 8.000 hectáreas correspondían a zonas productivas, afectando cultivos y pastos para el ganado”.

Detrás de esas cifras hay familias campesinas que han perdido cultivos, animales y parte de su sustento. Hectáreas de tierra convertidas en cenizas y productores que ahora deben pensar cómo recuperar lo que durante años construyeron con esfuerzo.

La situación demuestra que un incendio forestal nunca afecta únicamente a los árboles. También puede poner en riesgo el agua, los alimentos, los animales, los medios de vida y la seguridad de las comunidades.

Un clima que está cambiando

Desde junio, las autoridades confirmaron la presencia de condiciones asociadas al fenómeno de El Niño, con posibilidad de fortalecerse durante el segundo semestre del año.

“El fenómeno de El Niño puede favorecer una disminución de las precipitaciones y un aumento de las temperaturas en diferentes regiones del país” señaló el Ideam. Esto puede traducirse en menor disponibilidad de agua, reducción de caudales y mayores condiciones de vulnerabilidad para los ecosistemas, la agricultura y las comunidades.

Sin embargo, es importante no confundir estos fenómenos con una única causa. Que haya temperaturas elevadas o condiciones asociadas a El Niño no significa que todos los incendios sean consecuencia directa de ellas. En las conflagraciones también pueden intervenir personas  y otras condiciones ambientales.

Frente a este panorama, la prevención no puede ser responsabilidad exclusiva de las autoridades, los bomberos o los organismos de socorro. También comienza con acciones sencillas como: evitar las quemas, no arrojar residuos, ahorrar agua, proteger los bosques y reportar de manera oportuna cualquier señal de incendio.

Por eso, agosto puede dejarnos una enseñanza que va más allá del calor. Cuidar la naturaleza no significa solamente proteger un paisaje. Significa proteger el agua que bebemos, los alimentos que llegan a nuestra mesa, los animales que comparten el territorio y las comunidades que dependen de él.

 

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