Las aves conviven en el manglar junto a latas vacías, botellas de plástico, restos de neumáticos y suelas de calzado, que han llegado al bosque arrastrados por la marea.
La riqueza florística de los páramos podría verse afectada de manera negativa, con posible desaparición de algunas especies como los Frailejones geográficamente restringidas.