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Ensamblaje Teatro: 40 años de expresión artística popular

El pasado 11 de diciembre, el Concejo de Bogotá otorgó la orden civil al mérito José Acevedo y Gómez, en el grado Gran Cruz, a Ensamblaje Teatro, por la labor cultural que durante muchos años han desempeñado estas organizaciones en Bogotá y en el país.
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Ensamblaje Teatro.
Richard Hernandez Gonzale

"Yo soy un ciudadano colombiano que se expresa con el signo universal del teatro”. Así se presenta Misael Torres, director del grupo “Ensamblaje Teatro”. Sus primeras incursiones en el mundo escénico fueron de una manera "inconsciente" con el padre español Graciano Aventura, quien llegó como párroco a Tocaima (Cundinamarca), el pueblo donde Misael vivía. El cura era muy aficionado al teatro y armó un grupo con las niñas y niños del colegio de la Presentación.

"Yo me hice hombre de teatro cuando entré al Teatro La Mama a finales de 1971. Allí, durante ocho años, tuve mi primer curso profesional de teatro bajo la dirección de Eddy Armando, que lideraba en ese momento un proceso de cambio en el grupo ligado profundamente con lo popular y lo político. Con una completa actitud frente a los sucesos sociales que, en este momento, estaban ocurriendo en el país”, señala Misael.

En el Teatro La Mama, Misael hizo el montaje de su propia obra llamada "Mimografías". Luego, cuando vio a unos grupos de mimos en México y otros en el Festival Internacional de Bogotá, se interesó por los lenguajes del cuerpo y del silencio. Entonces decide retirarse del grupo La Mama.

Es así como en 1978 funda, junto a Fernando Londoño (fallecido), El Nuevo Teatro de Pantomima, que fue el primero en Colombia, y fueron propuestas muy innovadoras que lograron a finales de los setenta y los primeros años de los ochenta conmocionar al público.

"Con este grupo hicimos un proyecto de investigación muy interesante en torno a la fusión entre el teatro y el lenguaje del mimo y logramos una serie de espectáculos muy importantes que han sido reseñados en algunos libros y revistas de las historias del teatro en Colombia”, dice.

Este fue uno de los grupos más importantes en el país y lograron llevar este género por diferentes ciudades colombianas. Asimismo, hicieron dos giras por Europa de varios meses. Luego realizaron otra travesía por California, invitados por el Departamento de Español y Portugués de la Universidad de Stanford. En ese lugar presentaron "La Madriguera", basada en el texto de Jairo Aníbal Niño.

Después de cinco años, Misael se retira del grupo y se une con otros artistas que estaban en esos procesos de haber abandonado grupos y no querían tener encuentros solamente con el teatro sino con gente que hiciera literatura, cine, video, poetas y de otras manifestaciones artísticas. Entonces comenzaron a entablar diálogos y propuestas.

En 1984, se reabre el Festival de Manizales, que había estado cerrado por varios años. Entonces, Misael y su grupo son invitados para la clausura del evento y presentan un montaje de Peter Shumann que fue el primer ensamblaje que hicieron. Se trataba de un happening enorme en donde inicialmente eran dos horas continuas de espectáculo y resultaron casi 24 horas seguidas.

"La Plaza de Bolívar de Manizales se convirtió en verdadera fiesta y en un encuentro entre las personas y los artistas. Digamos que ahí nació como un espíritu festivo y maravilloso que lo llamamos ensamblaje. El nombre genérico recoge varios creadores de varias "estirpes" como el diseñador y arquitecto Claudio Beltrán y Juan Carlos Moyano, uno de los directores y dramaturgos más importantes que tiene el país actualmente, entre otros. Entonces comenzamos a conformar un núcleo de investigación”, asegura.

El proyecto que Misael estaba realizando en esa época de su vida era contar cuentos en las plazas públicas y montarse en los buses y recorrer el país. Era toda una experimentación en torno al trabajo del juglar y de la improvisación. De esta forma, Misael llega a Riosucio (Caldas) en 1985, tres meses antes del Carnaval del Diablo.
Misael quedó maravillado con ese espectáculo que no solo vio, sino que lo vivió. Con esa experiencia, se dio cuenta de que realmente el camino de él era hacer un teatro que estuviera ligado profundamente a la expresión popular y ya no desde lo político que lo había aprendido en La Mama y la Escuela Nacional de Arte Dramático, con el Maestro Santiago García.

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"Es decir, desde el ingenio, la creación artística que producen nuestros artistas que se expresa en la fiesta popular. Desde esas inmensas posibilidades que tiene la fiesta de poder hacer un experimento de pensamiento. De hecho, hay una estructura de pensamiento festiva que ha sido analizada por grandes pensadores. El Carnaval de Riosucio me cambió toda la película”, comenta.

Luego, Misael se radica en Riosucio para estudiar e investigar de cerca a ese diablo que la religión judeocristiana y la mayoría de personas conoce como el señor del mal y que en este pueblo representa todo lo contrario: la prosperidad, la palabra, el poema, la solidaridad. El rompimiento de este símbolo marcó para Misael el cambio de brújula en su vida. Misael lleva más de 36 años investigando, escribiendo y asistiendo a esta fiesta, proporcionando muchas experiencias de laboratorio teatral antes y después del carnaval.

“Ensamblaje Teatro y el núcleo con el que yo me comprometí, planteamos la idea de que realmente necesitamos hacer un teatro que fuera memoria e identidad a partir de las fuentes orales. Asimismo, a partir de la expresión artística popular que se manifiesta en la inagotable fuente de la fiesta popular. De esta manera, me metí en este cuento del ensamblaje, un grupo con que hemos transitado por todo este camino. Todo el teatro que cae en mis manos pasa por el prisma, por el pedazo de lo que significa la expresión popular”, señala.

De estas experiencias y luego de un año y medio de trabajo en una finca cerca a Riosucio, surge la obra “Las tres preguntas del Diablo enamorado”. Un texto que Misael escribió y que fue el ganador del Concurso Nacional de Dramaturgia, cuando una amiga suya lo presentó en un homenaje a los 450 años de la fundación de Pasto. Era la primera vez que un texto escrito para ser representado al aire libre ganaba un premio de dramaturgia. También es una de las obras más montadas del teatro colombiano hasta el momento.

También desde hace 36 años, Misael Torres viene trabajando un método que se llama “Las cuatro claves del actor festivo” para formar actrices y actores que trabajan al aire libre y en los espacios de la festividad. Técnicas como la del culebrero las ha estudiado y las ha convertido en ejercicios para trabajar en círculos, para trabajar la atención, la tensión y para trabajar el desarrollo de la rapidez y la fluidez verbal cuando se habla en público. Las cuatro claves del actor festivo son: el acecho, el intento, el saber esperar y el actuar a tiempo.

“Por eso es importante tener una sede propia para que ese espacio sea el legado del teatro popular, el teatro festivo, con el que siempre me he identificado. Hemos pasado por muchas sedes: Perseverancia, Taganga (Magdalena), Fontibón y ahora estamos en el barrio Estrada, a pocas cuadras del Jardín Botánico. En este lugar hemos establecido buenos vínculos con la comunidad, quienes han recibido el teatro como una gran alternativa. Ojalá que con esta distinción podamos conseguir recursos para ciertos implementos y reformas que necesita el lugar”, dice.


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Misael Torres, en su larga trayectoria como actor, ha ido dejando una gran huella en el teatro colombiano que reivindica y rescata la expresión popular. Eso queda demostrado en los muchos reconocimientos que ha recibido y en la gran lista de montajes que ha realizado. Obras como "Memoria y olvido de Úrsula Iguarán", que hizo con el Colectivo Cien años de Soledad; "Los Desplazados", "Edipo Rey en la calle", "El Bufón y el Rey", "Las tres preguntas del Diablo enamorado", "Historia del soldado que ayer llegó de la guerra", "El Gato con botas", entre otros, demuestran la originalidad y vitalidad de este grupo.

“Para mí, ser actor significa ejercer una profesión hermosa porque me ha permitido realmente estudiar como es el ser humano. También, a volverme antropólogo (en el mejor sentido de la palabra) para indagar sobre la producción del hombre en sus culturas, en ese tejido social que construye las comunidades. Además, el teatro me enseñó la cultura política y a ver el mundo”, concluye Misael Torres.
 

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