En su página web dedicada al jazz colombiano, el programador radial Juan Carlos Valencia anotaba lo siguiente respecto de Germán Chavarriaga Galán: “con su cadencia triunfa, más que la racionalidad, la emoción, porque su estética incluye la opción de usar las baquetas para ablandar las circunstancias, para avanzar, siempre joven, por los meandros de esta aventura”.
La aventura de la que escribe Valencia tuvo origen en el Colegio Colombo Ecuatoriano de Bogotá. Desde muy niño, Chavarriaga, nacido en Bogotá en marzo de 1943, transó amistad con un compañero cartagenero de nombre José Fernando Madrid Merlano.
Era conocido su afán por meterse de incógnito a la sala de música del alma mater para improvisar tumbaos salseros en el piano, situación estimulada por sus compañeros y por algunos de sus profesores. Así empezó la carrera de otra leyenda del jazz colombiano, Joe Madrid.
Un artista innato
Chavarriaga, mientras, empezaba a improvisar golpes en uno de los tambores de esa misma sala. Recordaba décadas después el luego consagrado baterista, que el profesor de educación física, advirtiendo su gusto mayor por el redoblante que por el fútbol, lo obligaba a correr alrededor de la cancha con el instrumento colgado al cinto, lo cual le generaba cortadas en las piernas.
Sobre aquellos años de colegio, recordando al joven Joe Madrid, escribió lo siguiente otro compañero de aulas, el poeta antioqueño Juan Manuel Roca:
“Yo les seguía la pista a sus incursiones a la sala del piano porque sabía, y lo sabía aún más su fiel compañero Germán Chavarriaga, amigo de cuna a tumba, de las aulas s la vida, que hoy es un gran y discreto percusionista, que cuando José Fernando se sentaba al piano la modorra escolar se desvanecía, como dicen que ocurre con todo lo sólido, en el aire”.
"Los Leoncitos"
La primera formación en la que participaron Chavarriaga y Madrid fue un grupo de niños llamado Los Leoncitos, pero luego, los sonidos del jazz los llamaron a convertirse en músicos de profesión: “Los discos de jazz eran muy difíciles de conseguir en ese momento”, recordaba Germán Chavarriaga en el documental “Los propios bateros”. “Entonces -continuaba-, cuando uno encontraba un disco de esos lo escuchaba mil veces hasta que descubría, por ejemplo, qué hacía el baterista con la mano izquierda, que el bombo, que lo otro, todo eso oyendo y oyendo, repite y repite… hasta que al fin lograba uno tocar más o menos a la par que en el disco”.
Chavarriaga empezó a trabajar en varias formaciones de jazz, en momentos en que su amigo Joe Madrid no se había decidido aún por el piano y prefería tocar el contrabajo. Luego ingresó a la orquesta del clarinetista catalán Luis Rovira, donde alternó con músicos como el guitarrista Chepe Beltrán, el cantante Sidney Reyes y el propio Joe Madrid. Con ellos participó de las jornadas del célebre concurso radial La Hora Philips, en vivo en la emisora Nuevo Mundo.
Decidido a triunfar en ese mismo evento, Chavarriaga se retiró de la orquesta y fundó su propio combo, Los 5 de Oro, al comando del músico argentino Tomás di Santo y con colegas como José Ángel Macías, pianista invidente; el cantante José Carlos Manotas y el flautista Jaime Perdomo. Como era de esperarse, Los 5 de Oro ganaron la Orquídea de Plata, y fueron músicos de planta del Hotel Tequendama en Bogotá y del Club San Fernando en Cali.
Los caminos de Chavarriaga y de su gran amigo se separaron momentáneamente a partir de 1965, cuando Madrid decide irse a residir a los Estados Unidos. Por esos mismos días Chavarriaga empezó a trabajar en cadenas hoteleras de ese país y en cruceros que recorrían Aruba, Bonaire y Curazao. El cartagenero regresó a Bogotá en 1976, y desde ese momento volvieron a ser inseparables. El baterista participó de los proyectos que Madrid realizó para el sello Philips, como sus trabajos salseros (“Llegó la salsa”, de 1976, “Pasadísimo” de 1977 y “La moña”, de 1978), y desde la década del 80 hizo parte de su trío de jazz al lado de Saúl Suarez en contrabajo.
De manera paralela, Germán Chavarriaga fue baterista y director musical de la agrupación Síncopa con el pianista Fernando Linero, así como encargado del instrumento en proyectos del guitarrista Kent Biswell y del vibrafonista Jorge Emilio Fadul, y en su propio trío.
Homenajeado por la Universidad Jorge Tadeo Lozano
En 2016 fue homenajeado por el Centro de Arte y Cultura de la Universidad Jorge Tadeo Lozano junto con otro nutrido grupo de colegas; y en enero de 2024, el Ministerio de las Culturas, las Artes y los Saberes le concedió un reconocimiento “por su invaluable contribución a la riqueza y diversidad de la cultura musical en Colombia”, junto a colegas de la importancia de Ruth Marulanda, Pabla Flórez, Miguel Emiro Naranjo y Ramón Chaverra.
Sus últimas grabaciones las realizó para el disco y documental “Los propios bateros”, de su colega Pedro Ojeda, donde además compartió créditos con otros percusionistas de época, algunos mayores en años como Guillermo Navas y Plinio Córdoba, y otros menores, como Wilson Viveros. El pasado 30 de marzo trascendió la noticia de su fallecimiento, a sus 81 años, en la capital de la república.
Esta semana recordamos al recientemente fallecido baterista Germán Chavarriaga. Por eso es nuestro Artista de la Semana.